Sobre si puede haber dudas de que asesinatos como el de Tibisay…

 

Tibisay Useche big

Un precio demasiado alto

Nunca hubiera pensado que de una mujer como Tibisay Useche, alegre, vital, brillante, habría tenido que escribir una nota como esta. Una amiga entrañable de la familia que sucedió a mi madre en la presidencia del Ateneo de Valencia y cuya hija continúo la amistad con las nuestras. Tibisay ha sido asesinada en la casa de su madre. Una más de las 25 mil víctimas al año que enlutan la sociedad venezolana y nos hacen el país más peligroso del mundo, por encima de muchos otros que tiene guerras declaradas.

Fue muerta por un joven de diecisiete años. Una edad señalada, un “niño de la patria” de esos que se levantó oyendo el lenguaje violento del poder; que creció escuchando el odio como doctrina política, los llamados a pulverizar, a machacar, a barrer de la faz fe la tierra a quien no pensaba igual al gobierno. Es un joven que se familiarizó con el lenguaje de los pranes que dirigen bandas desde la cárcel; que supo que el gobierno mantenía colectivos armados y que la ministra Varela los consideraba “pilares de la revolución”. Ese chamo vio al Potro Álvarez ministro fotografiado con jefes de bandas, al vice ministro Rangel rodeado de malandros portando armas de guerra. Se enteró seguramente que los jueces en Venezuela son casi todos provisorios y que aquí reina la impunidad.

El Estado venezolano es ciertamente incapaz en casi todos los asuntos que son su responsabilidad. Nos tiene al borde la ruina, del hambre y la desesperación. Es cierto que abundan los incapaces, los mediocres y mucho no calificado profesionalmente que están al frente de cargos importantes, pero quiero decir en estas líneas que en esta destrucción hay algo más que incapacidad.

En efecto, la política de fomentar la inseguridad es una política de estado. Es una forma de control social, una manera de desmoralizar a los venezolanos infundiéndonos miedo para que nos paralicemos, para que nos vayamos del país, para que nos sintamos rehenes.

Lo mismo ocurre con la destrucción de la economía. Lo han dicho expresamente. Ellos quieren a los venezolanos pobres para que dependan de sus limosnas, para que se hagan sumisos, para que solo piensen en la comida del día.

Pero una cosa piensa el burro y otro el que lo enjalma. Se les ha pasado la mano. Esta semana recularon con el decreto de desviación de los alimentos a centros públicos. Se han dado cuenta que también un pueblo hambriento puede ser incontrolable.

Cada día falta menos de esta pesadilla. Todo el mundo lo sabe y lo siente. Desgraciadamente, el precio está siendo demasiado alto.

…se originan en la impunidad y la persistente prédica del odio

 
Julio Castillo SagarzazuJulio Castillo Sagarzazu
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