LA FÁBULA DEL ESCORPIÓN Y LA RANA

Otras veces hemos hablado de la importancia de los mitos en la política y en los imaginarios colectivos, pero nunca hemos hablado de la importancia de la fábula. Nacida como pocos géneros literarios de la sabiduría popular, la fábula es una narración breve y sencilla que tiene por objeto criticar los vicios y los defectos de las personas, pero también de las sociedades.

Prima hermana de la sátira, esta crítica no es, sin embargo, directa, sino más bien alegórica. A más de su sencillez y brevedad, el atractivo principal de la fábula consiste en que nos presenta a animales y cosas hablando y actuando como si fueran seres humanos. Así, los recursos de la parodia y la caricatura, es decir, de lo cómico, están garantizados, combinando con gracia e ironía, en una historia breve y simple, la lección moralizante y la crítica mordaz, la burla y la intención didáctica. No debe extrañarnos, pues, el que la fábula sea uno de los géneros literarios más populares y queridos en todas las culturas, muy especialmente por los niños, pero a la vez uno de los vehículos favoritos de la diatriba política. Pocas como ella para mostrarnos con sencillez y elegancia la miseria y los vicios del poder en todas las épocas, en todos los países.

La literatura popular venezolana tiene numerosas y hermosas fábulas, muchas de ellas provenientes de las tradiciones de nuestros pueblos aborígenes. Y cómo olvidar tampoco en nuestras letras hispanoamericanas las geniales fábulas de Augusto Monterroso que tanto le gustaban a García Márquez. Sin embargo, cuándo no, el fabulador más célebre de la antigüedad fue un griego, Esopo. Como suele pasar con casi todos los autores geniales, la vida de Esopo se pierde en la leyenda y podemos dar por ciertas muy pocas cosas de las que se cuentan. Parece que vivió entre los siglos VII y VI a.C., en los límites de las épocas arcaica y clásica. El primer testimonio que tenemos de su vida no puede ser más gracioso. Se trata de una cerámica del año 470 a.C. donde aparece sentado conversando con una zorra, sin duda una alusión a su célebre fábula sobre “La zorra y las uvas”. Sin embargo, autores serios como Heródoto, Platón y Aristóteles, y otros menos serios como Aristófanes, hablaron de él. Dicen que fue esclavo y consiguió su libertad, y una vez liberado vivió en la corte del rey Creso de Lidia, famoso por sus inconmensurables riquezas. Platón cuenta también que Sócrates se sabía muchas de sus fábulas de memoria. Sin embargo, en la mayor parte de las biografías escritas en Roma y la Edad Media predomina más bien lo pintoresco y lo inverosímil.

Una de las fábulas que se atribuyen a Esopo (y una de mis preferidas) es la del escorpión y la rana. Cuenta que un día un escorpión le pidió a una rana que lo ayudara a atravesar un río. La rana aceptó hacer el favor, no sin antes hacerle prometer que no le haría daño. El escorpión lo promete, sube a la espalda de la rana y ésta se lanza. Sin embargo, cuando se encuentran a mitad de la corriente, el escorpión no se resiste y pica a la rana. Entonces ésta le dice: “¡Imbécil! ¿Te das cuenta de lo que acabas de hacer? Ahora moriremos ahogados los dos”. A lo que el escorpión simplemente responde que no había tenido elección, que no había podido luchar contra su propia naturaleza.

Como a mí, estoy más que seguro de que esta fábula tiene que haber recordado a alguien en particular, o alguna situación colectiva. Es el secreto de los clásicos, siempre vigentes en todo tiempo y lugar. En todo caso, si alguien tiene dudas sobre la verdad y sabiduría que encierran las viejas fábulas, creo que este pequeño ejemplo bastará para disiparlas.

 

 

 
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