Mitología y formas de lucha

marcha

El primer éxito ante un régimen de autoridad y control total es saber enfrentarlo con medios y fines democráticos. Las formas de lucha deben contener los elementos de la sociedad a la que se aspira. No pueden evadir que el modo como se resuelva hoy el conflicto, simbólico y real, entre los esfuerzos del régimen para abatir la democracia y la necesidad general de vivir en una sociedad abierta, impactará los desenlaces finales.

A veces, bajo la legítima motivación de avanzar más rápido, se difunden espejismos o se propone la atractiva expectativa de amarrar los caballos en las rejas de Miraflores de un solo galope. Pero es largo el tropiezo de vanguardias que, desconectadas de la mayoría, justificaron las provocaciones del poder y sus respuestas represivas.

Otra pieza de la mitología sobre las formas de lucha es que la victoria pertenece a los más radicales. Situarse en la punta más extrema puede aglutinar a los que se desesperan o aplauden actitudes duras, pero eso espanta todavía más a los que se quedan en casa cuando se convoca a una movilización. Atacar sin diferenciaciones, permite que la cúpula recomponga sus apoyos.

El catalogo de las experiencias también desmiente que el factor decisivo sea el coraje a troche y moche. Detrás de este tipo de salida se agazapa la nostalgia por el caudillo militar y el orden derivado del abuso de la fuerza. No terminamos de aprender que debemos marchar en sentido contrario a lo que estamos combatiendo y continuamos ignorando que las bolas, opuestas a la inteligencia, suelen terminar estropeadas y ocasionar calamidades a otros.

Por último el éxtasis ante la imagen de grandes masas en la calle es una idea que tiene que ser problematizada. La demostración de fuerza no es un dogma para las formas de lucha. Exigir a una oposición aún débil, cuando el temor bloquea la participación masiva, que no sustituya lo grande por la multiplicación de lo pequeño es condenarla a un boxeo de sombras contra el gobierno.

Las forma de lucha están subordinadas a las estrategias que contribuyan democráticamente a que la sociedad genere una fuerza plural que encarne una alternativa segura para ´que la reconstrucción del país no sea una vuelta al pasado ni en materia económica ni en los temas de la libertad, la democracia y la justicia social.

Hoy centenares de movilizaciones hacen visible una insatisfacción, un reclamo, una exigencia o una propuesta aunque se les dificulta alcanzar por si solas el horizonte de los cambios políticos. Estas luchas sin formas son el soporte para las formas de lucha que vendrán.

Por ahora, el camino más corto hacia los cambios es reconquistar la Asamblea Nacional mediante el voto de una contundente mayoría plural. La prioridad son las formas de lucha eficaces para lograr ese objetivo y crear una nueva cultura política en cuya elaboración puedan participar los que vienen de apoyar al régimen.

No se trata de suponer ingenuamente que bailando con el diablo se puede salir de este infierno. Se trata de contrastar la fachada democrática del gobierno contra su vocación de perpetuarse en el poder, de impedir las trampas del 4 a 1 y de proseguir las luchas sin mitos ni ritos.

 
Simón GarcíaSimón García
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