Kamikaze económico

hiperpedeval

Muchos aspiran a que Venezuela emerja del trauma actual con “la lección aprendida”, vacunada para siempre contra recaídas populistas. Pero el drama trae raíces muy profundas.

Venezuela es formalmente socialista desde 1976, cuando estatizó todos los principales medios de producción: petróleo, hierro y acero. Lo que vino después de aquel “gran logro” fue tan dramático como deprimente.

Basta pasar rápida revista sobre el viernes negro, CMA, CVF, Recadi, Conacopresa, crisis bancaria, OTAC, y así ad nauseam hasta llegar al paroxismo actual. Tan solo la inconstante sirena de precios petroleros produjo espejismos de progreso luego de la socialización de Venezuela.

Pero la distorsión tiene raíces aún más remotas en la práctica medieval -contra la que lucharon el Libertador y demás próceres- donde la corona decidía quién se enriquecía, y quién perdía todo.

Lamentablemente ese dominio veleidoso del Estado sobre las oportunidades económicas de todos se prolongó en caudillos, dictadores y aún gobiernos electos democráticamente.

Como resultado, Venezuela es y ha sido -para desgracia- uno de pocos países donde el sector privado depende del gobierno y no viceversa. Y es precisamente esa distorsión la que hay que corregir de raíz.

kamikazeMientras el Estado venezolano continúe manteniendo -cual espada de Damocles- el monopolio de las divisas que genera Venezuela la sociedad seguirá sufriendo derechos conculcados, corrupción prodigada, y crecimiento inhibido.

Su más peligroso producto es una creciente masa poblacional en estado de absoluta dependencia de las migajas que les arrojan desde la piñata del poder.

Pareciera que -como en ese Japón de kamikazes de la II Guerra Mundial- se necesitará una especie de bomba económica nuclear para lograr el destete y el descrédito total de distorsionados enfoques políticos, sociales y económicos que se vienen arrastrando por siglos y que recién van llegando a su involución total en medio de un convulso carnaval de disparates.

Quizás, cuando un Estado impotente y en absoluta bancarrota se hunda hasta un nadir de hiperinflación, miseria y escasez, se pueda iniciar un camino de reconstrucción desde casi cero, arrancando de raíz el árbol torcido de ideología aberrante que se ha venido cultivando a lo largo de la historia y que ahora llega a su total frenesí.

Pero la “lección” tan solo estará realmente aprendida cuando aparezcan estadistas que hagan un completo borrón y cuenta nueva de todos los arraigados conceptos económicos, políticos y sociales que desde hace mucho tiempo nos vienen llevando al abismo.

 

 

 
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