LOS INCONGRUENTES

hombre flecha indicaSomos un país de incongruentes. En la parte posterior de una buseta (antes se decía “autobusete” y ahora, tal vez por influencia colombiana, decimos “buseta”; siempre alguien nos manda a buscarnos un burro para un fin inconfesable) leemos “En honor a mis hijos Yéison y Hecframir”, y uno supone que el conductor es un tipo bonachón, buen padre de familia, buen ciudadano, buena gente. Y resulta que le tira el vehículo encima a uno cuando es precisamente a uno a quien le toca el paso, se come las luces como quien come cotufas, se para donde le da la gana.

Somos un país de incongruentes. Vemos un automóvil con un sello pegado al lado de la placa trasera, con la imagen de un Rosario y un texto: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, y uno supone que el conductor es como el de la buseta: buena gente, paciente, bondadoso y amable. Y resulta que le cae a cornetazos al que va delante a una velocidad que desespera al que pregona el amor al prójimo. Termina uno suponiendo que el sello lo pegó su mujer, muy rezandera ella.

Y para concluir el tema de las incongruencias de los conductores: otro automóvil lleva pegada en el vidrio una calcomanía con una figurita de un peatón atravesando a toda carrera la calle sobre el correspondiente “paso de cebra”, y debajo un desesperado ruego: ¡Frena! Respeta al peatón. Y resulta que el automóvil está, esperando que el semáforo cambie a verde, atravesado sobre el rayado del paso de peatones.

Porque somos un país de incongruentes. Vemos en los diarios la foto de unos ciudadanos que protestan porque desde hace un mes no les llega agua por el acueducto, y tienen tres días sin luz. Sosteniendo pancartas con enardecidos reclamos, los vemos ahí a todos, muy sonrientes, como si estuvieran en un día de picnic.

Realmente somos un país de incongruentes. Una vez hicimos un paro general. Se suponía que se detendría toda actividad económica, que estaríamos en nuestras casas de brazos cruzados, solamente moviéndonos para tomar el control remoto y cambiar el canal en busca de noticias. Realmente el paro no fue general: se veían muchos comercios, la mayoría de árabes y chinos, abiertos como si nada ¡y gente de oposición comprando! O haciendo cola para poner gasolina ¿Y para qué vas a necesitar combustible para tu carro, si se supone que estás en paro y no necesitas salir?

Pero todavía no terminan las incongruencias. En otros tiempos, cuando muchos venezolanos regresaban de Miami, venían hablando maravillas del orden y la limpieza de allá, en contraste con nuestra suciedad; y al terminar de ponderar tanta pulcritud, arrojaban el vaso vacío de refresco en el parque, junto con la servilleta manchada de mostaza y salsa de tomate.

Y continuaríamos siendo incongruentes si, luego de hablar tanto sobre lo desastroso de este gobierno, del hambre y la miseria en la cual está sumido el pueblo, sin distingo de clases (los que más están sufriendo el alto costo de la vida, la inseguridad y la escasez son los más pobres) y de tanto maldecir de la descarada corrupción, visible en la ostentación de los enchufados del régimen (incluidos los diputados salta-talanqueras) nos fuéramos a la playa el 6 de diciembre.

Pero estoy seguro de que eso no sucederá. Por una vez en la vida, demostraremos que somos consecuentes con lo que tanto pregonamos: Los botaremos, votando el 6 de diciembre.

 

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