Los volcanes, y no los bárbaros, destruyeron el Imperio Romano

volcanABC.ES

Un nuevo estudio afirma que las erupciones provocaron una serie de catástrofes naturales que terminaron colapsando esta civilización y favoreciendo la llegada de los bárbaros

Las erupciones volcánicas destrozaron los pastos y las hambrunas se generalizaron

Desde la división de los territorios en dos regiones (Oriente y Occidente), hasta las invasiones bárbaras. Los libros de Historia suelen atribuir a diferentes causas militares y políticas la caída definitiva del Imperio Romano, una civilización con siglos de vida que terminó capitulando en 1453 tras años y años de decadencia. Sin embargo, un nuevo estudio publicado por la revista «Nature» afirma que la conquista de este territorio por los bárbaros no fue más que una consecuencia provocada por una serie de erupciones volcánicas que terminaron diezmando a la ya maltrecha población romana. Todo ello, a base de hambrunas y enfermedades.

Concretamente, y tal y como ha afirmado en declaraciones recogidas por el «Daily Telegraph» Michael Sigl (profesor e investigador en el Instituto Paul Scherrer -en Suiza- y en el Instituto de Investigación del Desierto -ubicado en Nevada-), se ha logrado llegar a esta conclusión mediante la recreación de 300 erupciones volcánicas sucedidas durante un período de 2.500 años. Esta investigación les ha permitido establecer lo determinantes que han sido las erupciones volcánicas en la Historia antigua y en el devenir de determinadas civilizaciones. Entre las más importantes de ellas se hallaría el Imperio Romano.

Una de las mayores hambrunas de Roma

Corría el año 536 D.C. cuando, un 24 de marzo, el cielo sobre Europa continental se oscureció y una nube de polvo tomó la región. Tal y como afirman en sus escritos historiadores como Prokopios, la suciedad -de origen desconocido por entonces- era tal que el sol apenas brillaba. Aquel «castigo divino», como fue entendido, hizo que no hubiese luminosidad suficiente para que los cultivos floreciesen, lo que derivó en una gran hambruna. Apenas tres años más tarde, volvió a suceder lo mismo, y nuevamente, por razones indeterminadas. El hambre se volvió a generalizar entre la población y los restos de ceniza en el aire provocaron todo tipo de enfermedades. La situación fue tan grave que fue llamada «la Plaga de Justiniano».

Ahora, sin embargo, Sigl y sus compañeros han descubierto algo que ya se sospechaba, que la causa de todos aquellos desastres fueron una serie de erupciones volcánicas sucedidas en América del Norte y los trópicos que expulsaron una ingente cantidad de sulfato y ceniza a la atmósfera. Al desplazarse miles de kilómetros, estas nubes de polvo provocaron desde hambrunas, hasta epidemias de peste. O al menos, así lo barajan los expertos. Concretamente, consideran que los dos estallidos que generaron aquel desastre en Roma se sucedieron en los años 535 y 539 (ambos en los actuales Estados Unidos).

Aquellas erupciones provocaron la ruina en el Imperio. Así lo afirmaron varios historiadores como Casiodoro, un político italiano que escribió que la región tuvo «un invierno sin tormentas, primavera ni suavidad» y un «verano sin calor». A su vez, el polvo hizo que cayeran las temperaturas, que hubiera una gran sequía y las ya conocidas epidemias y hambruna. Todos aquellos desastres acabaron con la vida de un tercio de los europeos y debilitó a la sociedad romana de tal forma, que la terminó dejando indefensa ante las consiguientes invasiones bárbaras. Fue la puntilla para una civilización ya renqueante.

«El estudio nos ha permitido esclarece los largos debates que hay sobre el origen y las consecuencias de las anomalías climáticas severas y mundiales del año 536 A.C. Hemos encontrado al menos dos grandes erupciones volcánicas en este período que, entre otras cosas, provocaron que las temperaturas bajaran debido a que las grandes cantidades de sulfato volcánico que expulsaron impidieron que los rayos del sol incidiesen sobre la Tierra. Esto proporciona un contexto ambiental para la hambruna generalizada y la gran plaga de Justiniano que fue responsable de las poblaciones de diezmado en el Mediterráneo», añade el experto.

 
Top