QUIERO VER ALEGRE A MI PAÍS

 

venezolanos“Anoche tuve un sueño. Pude ver, que en medio del indetenible descenso de los precios del petróleo, habíamos logrado darle la vuelta a la crisis. La industria y la agricultura operaban con asombro y vigor y las exportaciones no tradicionales crecían exponencialmente. Soñé que habían vuelto la seguridad y el orden, que crecían las posibilidades de empleo, que sonrisas afloraban en las calles al ver a Venezuela renacer”
Henrique Salas Römer.

En esta hora encogida de la Venezuela martirizada por la pesadilla castrochavista, algunos compatriotas se empinan con el fervor de los optimistas, a pesar de todo. Entre ellos, Henrique Salas Römer, emblema del proceso de descentralización y el buen desempeño de un gobernante regional, en los inolvidables tiempos de la Democracia Civil.

Salas Römer sufre hoy el destierro por la paranoia de ese banderillero de Raúl Castro que es Nicolás Maduro, quien lo acusó de intenciones de magnicidio, junto a otros dos venezolanos, Gustavo Tarre Briceño y Diego Arria, como Salas insospechables de violencias o ilegalidades.

Pero Salas Römer no es de los hombres que se doblan o se esconden. Me consta que desde la distancia siente diariamente a la Venezuela que sufre, y discierne soluciones para sus calamidades más devastadoras. Con él se puede contar para la reconciliación de los venezolanos y el rescate de la convivencia democrática.

En el año aciago de 1998, Henrique Salas Römer representaba el cambio y la modernidad. Venía de encabezar un gobierno estadal modelo de nuestro discurrir democrático y lucía las prendas de la experiencia, la preparación y la tolerancia.

Sin embargo los electores, tras una emboscada mediática y caudillista, optaron por el representante del viejo mesianismo demagógico. Los votos por el impresentable Chávez y no por Salas Römer, terminaron siendo una desgracia insufrible para Venezuela.

 

 

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