La marca

 

Dice la leyenda urbana que esas razias gozan de popularidad

 

Ustedes no tienen derecho a nada”, le dice al pueblo norteamericano el Presidente vil que encarna Kevin Spacey en House of Cards, la famosa serie de Netflix. Lo que era una crítica al sistema estadounidense se está volviendo la espantosa realidad venezolana cada día que pasa. No es accidente, es la idea detrás del marxismo chambón que es el chavismo: el colectivo siempre prevalece, y el colectivo soy yo, el Líder.

No tenemos derecho a nada. Para empezar, a la vida. Desde la llegada al poder de Hugo Chávez, la tasa de homicidios se ha triplicado, fenómeno único en el planeta en estos lustros. Pero no se trata sólo de la negligencia de los cuerpos de seguridad o de su complicidad en tantos casos.

Es además la muerte de los presuntos delincuentes en manos de la policía, como resultado rutinario y normal de cualquier operativo. Dice la leyenda urbana que esas razias gozan de popularidad. Es posible.

Pero el acumulado de ejecuciones y abatidos, casi exclusivamente entre los estratos más pobres, debe estar ya produciendo efectos electorales, mucho más allá de los familiares de la víctimas.

Las OLP día a día dejan su saldo de abatimiento y abatimientos. Y encima, de “apartamentos recuperados”, porque la misión vivienda no es para los malandros, según el Gobierno. Tampoco hay derecho a la vivienda, es prestada y además instrumento de chantaje.

En realidad nunca fue más que eso. Si alguien es declarado malandro por la policía (los jueces sobran), y abatido, sus familiares además del luto quedan en la calle. Es la pena de muerte con confiscación de todos los bienes, la Edad Media en el siglo XXI.

Matados los hijos (¡los “niños de la patria” de apenas ayer!) perdida la casa que nunca se tuvo, tampoco se compra ni se vende sin permiso de la revolución bonita, como la marca de la bestia de la que habla el Apocalipsis (capítulo 13), sólo que la marca son las huellas dactilares o el número de la cédula. La marca nada tiene que ver con abundancia o escasez: es el poder absoluto, no tenemos derecho a nada, ni a la vida, ni a la casa ni a la comida, si no lo concede el socialismo.

Nadie se sorprenda. Es el Comandante pero sin los dólares para endulzar la pócima. Es el socialismo, que no sirve, y -como otros pueblos antes que nosotros- estamos descubriéndolo con sangre y con hambre.

 

 
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