PRESO DIRIGENTE ESTUDIANTIL POR DISCURSO “SUBVERSIVO”

 

 

Jovito Villalba

Jovito Villalba

Se había desplazado por un pasillo secreto de palacio y a medida que se acercaba a la disimulada puerta, detectaba las voces en la sala indagatoria. El sonido de las teclas de la vieja máquina de escribir parecía salir por las rendijas y esparcirse por el capitolio.

Por encima de los ruidos escuchó la voz del declarante: “Lo primero que se me ocurre es decir que no tengo nada que declarar…”Lo sabía, no admitirá nada, pensó el juez Linares, quien era el furtivo oyente.

Levantó una pequeña mirilla y vio entonces al preso: Parecía más viejo que los 28 años declarados. Calva un poco avanzada y cuerpo esmirriado, aunque su actitud era determinante al hablar. Quizás la prisión en el castillo de Puerto Cabello lo había envejecido, aunque eso no disminuía su peligrosidad.

Había regresado después de la muerte del general Gómez, y fue este mismo hombre el que había entregado públicamente un documento al general López Contreras, ante los violentos sucesos de febrero.

Mientras el magistrado atisbaba por la falsa puerta, en la sala el escribiente hacía señas al declarante, instándolo a detener su perorata para revisar el documento, encabezado con la fecha del 19 de septiembre de 1936. “…a las diez de la mañana se hizo conducir de la cárcel pública de esta ciudad al detenido Br. Jóvito Villalba con el fin de que rindiera declaración indagatoria. Estando presente el detenido, libre de prisión y apremio…sin juramento, se le impuso el hecho punible que se inquiere…” y asentó también los nombres de los abogados asistentes, G. López Gallegos, Germán Herrera y Alejandro Pereira.

Jóvito Villalba, Joaquín Gabaldón Marquéz y Rómulo BetancourtAl líder estudiantil se le acusaba de predicar la lucha de clases, por un discurso lanzado días antes en Valencia. Y allí estaba, en los tribunales de justicia de Carabobo, a los cuales había accedido rodeado de policías, por la calle Díaz Moreno.

El titular del juzgado 1º de Primera Instancia en lo Penal oía claramente al indiciado: “Mi discurso está dirigido al pueblo, a las clases populares, a la Venezuela democrática. Sólo un gomecista, Arcaya por ejemplo, podría confundir este llamado a la democracia, con un llamamiento a la lucha de clases. Yo predico la acción cívica enfrentando la táctica criminal de los partidos históricos que en el pasado no hicieron otra cosa que engañar al pueblo…”.

El juez pensaba: “Este no tiene remedio. Yo tengo en mi escritorio todo el expediente. Fue de los que en el 28 intentaron alzarse contra mi general Gómez. Preso fue, pero parece que los grillos y el calabozo no hicieron nada. Es un facineroso de esos que llaman a tumbar el gobierno cada vez que pueden. Es amigo del tal Rómulo Betancourt, otro que siempre anda conspirando”.

El estudiante terminaba su declaración en esos momentos: “No he cometido delito alguno. El discurso del cual aludo párrafos, señalados como delictuosos por el criterio antidemocrático del Fiscal del Juez, fue pronunciado en el Teatro Municipal de esta ciudad, el día 5 de septiembre de 1936, a las 11 de la noche aproximadamente por mandato de la Federación de Estudiantes…” El juez regresó a su despacho, pensando que no podía tomar decisión así como así. Era cierto que la única palabra subversiva realmente fue “las armas” y el sujeto las había dicho para negar su uso contra el pueblo.

Pero no podía ser que siendo enemigo del gobierno se fuera sin pagar las consecuencias de la agitación. El teatro estaba lleno cuando había hablado y los aplausos eran una señal peligrosa.

Linares decidió entonces consultar con Caracas. Levantó el teléfono y marcó un número poco conocido. Cuando al otro lado le contestaron, pidió hablar con el ministro. Le dijeron que colgara, que luego lo llamarían. A los 20 minutos el aparato repicó y de inmediato se puso a hablar: “Señor Ministro, como cosa jurídica no hay nada contra Villalba, pero mi parecer es que sí influyó, y mucho, en el pueblo valenciano, sobre todo cuando exigía democracia. Los aplausos fueron muy fuertes. Yo creo que es un conspirador sin remedio, y usted ya conoce su pasado desde el 28, cuando se reunía con militares. Parece que la cárcel no le hizo mucho. ¿Qué hacemos?”.

Tomado de @EL-CARABOBENO.COM

 
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