La decisión está tomada

calmaSe siente en el ambiente una sensación de madurez política, se respira un aire de claridad ciudadana que da fuerza, empuje y esperanza. La razón es que el pueblo venezolano ya decretó construir el cambio de una forma pacífica y electoral. La decisión ha sido abrazada con voluntad y solidez. Es por ello que consumar el acto de intención de voto y convertirlo en voto efectivo, constituye para los venezolanos solo un problema de forma, mas no de fondo; el fondo ya ha sido determinado vamos a arrasar el 6 de diciembre con nuestra presencia activa, firme y vigilante.

Como madre, como mujer he vivido episodios similares. En momentos dificultosos que un problema que acoquina demanda una solución, me doy el tiempo necesario, evalúo el trance, analizo las fortalezas y las debilidades, estudio las alternativas, para luego resolver lo pertinente y comunicar la conclusión con la serenidad que se obtiene al haber escogido adecuadamente el rumbo certero. Siempre hay una persona, en el entorno que se atarea, que revira, que entorpece la acción. Lo escuchamos con paciencia, oímos sus argumentos, sus pataleos y rabietas, para entonces reafirmar con tesón: La decisión está tomada. Ese es el ánimo que hoy se percibe en el país: La decisión está tomada, la decisión de obtener una victoria arrolladora para cambiar este régimen hambreador y castrante.

En la MUD, como parte del proceso tan trascendente que vivimos, los grupos políticos discuten, se separan, se unen, se enfrentan, se desconocen, se apoyan, se sumergen en indagar la maniobra política adecuada para enfrentar esta campaña tan importante, a veces no escuchan dentro de sus propios ruidos y temores, el retumbo orientador de un pueblo resuelto, impávido, que nada ni nadie distrae en la conquista de su propósito, la decisión tomada: Salir de este mal gobierno desempeñado por los malos pupilos de Chávez y su caterva, para luego reasumir los cambios pendientes desde hace 16 años.

No queremos revolución, ni estamos dispuestos vivir en una dictadura; mucho menos aceptamos un totalitarismo estalinista. Pueden desde Miraflores patalear todo lo que quieran, pueden retrasar con impedimentos abusivos la salida, pueden regar el país entero de efugios populistas, cerrar fronteras, encarcelar líderes; hagan lo que hagan la resolución de acabar con esta locura de gobierno está emitida.

De modo que aunque parezca indiferencia y a veces hasta indolencia, la vida nacional sigue su ritmo, la gente hace sus denigrantes colas y lleva su rutina en espera del nuevo hito, sin apuros, sin aspavientos, regulando su participación activa, reflexionando con esa lucidez de ciudadanía retomada, con esa seguridad de saber que el Poder está en sus manos; poder que ejerce a conciencia, convenientemente, sin desgastarlo. Gritando cuando hay que gritar, protestando cuando lo consideren necesario y en el momento justo. Aceptando que los coordinen, rechazando la insensatez, viendo, oyendo y esperando el 6 de diciembre para votar. Porque para las y los venezolanos: La decisión está tomada… así de simple.

 

 

 
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