OPACIDADES Y ESPERANZAS

 

02 Chavista quema dolar billete rico

Si hay algo por lo que será recordado este régimen es su opacidad. No es tanto que los jefes y la piara de ministros, ministricos y jefes de Gobierno, que han ocupado los innumerables gabinetes que proliferaron en estos tres lustros, sean opacos y faltos de brillo, sino que la administración de nuestros dineros es absolutamente impenetrable a los ojos de miradas inquisidoras que pretendan avizorar su destino, otras que las supuestas contralorías, fiscalía y defensorías absolutamente sumisas al régimen.

Quienes aún no hemos perdido la capacidad de asombro, vemos atónitos como una familia venezolana compra de contado una lujosa vivienda en una exclusiva urbanización de Florida (EEUU), y deja ver, al abrir del portón del amplio garaje, una costosa Hummer y un no menos costoso Ferrari de relumbrante color rojo, cónsono con el de las boinas que una vez llevaron, hacinados en autobuses de institutos del Estado, a gritar uh, ah en los actos políticos del partido que una vez se llamó PUS, hasta que se dieron cuenta de que así es llamada también la maloliente secreción de los infectados.

Nuevos ricos (ser rico es malo, mientras no sea yo) fácilmente reconocibles por sus modales, su echonería y su estridencia al mostrar su vertiginoso enriquecimiento, imposible para quien hasta hace poco era un funcionario público con muy modesto salario, reducido además por la cuota patriótica al socialismo.

Nunca lograremos saber a dónde fueron a parar los billones de dólares que ingresaron al país cuando el barril de petróleo se vendía a 100 dólares y más, pero lo sospechamos al enterarnos de cosas como que un connotado jerarca compró un lujoso y veloz jet privado para que su esposa vaya a visitar semanalmente a su querubín que estudia en Francia, o que un ex ministro de golpe y porrazo es propietario de una exclusiva residencia en Berlín, luego de pasar un corto período anunciando que Venezuela es chévere y, antes de eso, expropiando emisoras de radio y TV.

Ahora, agotado el chorro de dólares petroleros, y fracasado el proyecto socialista del siglo 21, el régimen que iba a durar 100 años se aproxima a su triste final, con sus antiguos seguidores decepcionados ante tanta corrupción, agobiados por la delincuencia y la escasez, rotos sus sueños de navegar por el mar de la felicidad, oxidado el último clavo al cual se aferraban con desespero, pues anda de parranda celebrando aniversarios chinos y endeudando más al país para tratar de suavizar el golpe que se darán el 6 de diciembre.

Ya habrá tiempo de pedir cuentas y recuperar fortunas mal habidas, sin caer en cacería de brujas. Ya tocará planificar lo que se hará para recuperar el país, su agricultura, su ganadería, su industria manufacturera, sus hospitales y escuelas y su infraestructura.

Ya habrá tiempo para volver a ser venezolanos pacíficos y unidos, sin distingos de doctrinas ni colores. Pero será duro el camino a recorrer, lleno de zancadillas y trampas, puestas por quienes no se resignan a perder sus prebendas y lujos.

Todo vendrá a su tiempo. Solo será cosa de trabajar duro y esperar por los resultados. Los venezolanos olvidamos pronto y nos curamos mutuamente nuestras heridas.

Pero nada será gratis: habrá que ganarse esa nueva Venezuela con mucho trabajo y paciencia. Y convenciendo a los incrédulos.

 

 

 

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