AYLAN, TRUMP Y MADURO

La semana pasada la foto de un niño, de pantaloncitos azules, franela roja, boca abajo e inerte en una playa turca, estremeció al mundo. Muy a su pesar, el niño sirio Aylan Kurdi se convirtió en protagonista de una tragedia de nuestro tiempo que las naciones más ricas de Europa habían tratado de evitar: la pesadilla interminable de los refugiados, gente que huye de guerras desatadas en sus países, y que se echa andar por montañas, desiertos y mares, con el fin de asegurar en otras tierras la tranquilidad de sus familias.

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Si se mira mejor, no se trata de un asunto exclusivamente europeo, ni requiere de un escenario bélico, para que imágenes similares irrumpan en las conciencias del mundo. Desde hace meses, Donald Trump no cesa de pregonar su mejor oferta como candidato presidencial: erigir un enorme muro alrededor de la frontera con México, con el propósito de frenar el paso de inmigrantes ilegales.

Trump advierte del gran peligro que conforman “criminales mexicanos” que sueñan con pisar EEUU para “violar y asesinar mujeres blancas”. Sea o no verdad que exista detrás de esta extravagancia un ingrediente demagógico en el discurso del magnate inmobiliario en su estrategia por pescar votos, el asunto no deja de preocupar ya que se trata del país más poderoso y porque, tras cada excentricidad suya, Trump parece subir en los sondeos, alejándose de sus adversarios republicanos.

¿Qué parece animar el éxito de los discursos xenófobos y por ende ultranacionalistas? Los sociólogos consideran que en situaciones de poca claridad política, la recurrencia al enemigo externo genera dividendos o, al menos, permite detener la estrepitosa caída de la popularidad de un líder o candidato.

No es de extrañar, entonces, que Nicolás Maduro haya adoptado el modelo Trump para cambiar el paisaje nacional ante unas elecciones parlamentarias que se les anuncian desastrosas, dada su pésima gestión gubernamental y la desaprobación del núcleo chavista en regiones donde se asienta el lecho del voto duro bolivariano.

La estrategia de Maduro por desviar la atención del país hacia los ‘invasores colombianos”, cuyo tratamiento por demás ha sido violatorio de los derechos humanos, por parte de la Guardia Nacional y del Ejército tiñe de vergüenza el estamento militar venezolano, y se suma a las políticas erradas para convencer al mundo del enemigo exterior, de la llamada guerra económica y de la docena de supuestos intentos de magnicidios, en planes donde no deja de mencionar a Obama, a Uribe y a Rajoy por igual.

Las imágenes de familias colombianas echadas hacia sus países, tratadas como animales, atravesando el río Táchira, y la vergonzosa –el mismo gobernador de Táchira, Vielma Mora, lo admite como un error– destrucción de viviendas marcadas con la las letras “R” (revisada) y “D” (deportados) constituye en sí mismo el peor de los crímenes por los que Nicolás Maduro tendrá que pagar, primero por los votos y después ante un tribunal internacional, los desaciertos de un gobernante nefasto y ruin.

 
Elizabeth AraujoElizabeth Araujo

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