EL RETIRO DE JUAN ARANGO

Nolan Rada Galindo

Desde aquel gol del 4 de septiembre de 2001 que formó parte del 0-2 en el marcador final de la primera victoria Vinotinto en calidad de visitante contra Chile, hasta haber pateado el tiro de esquina que el 11 de octubre de 2011 cabeceó Fernando Amorebieta para el 1-0 de la primera victoria de la Vinotinto de mayores contra Argentina. En cada fecha memorable está Arango, como en el zurdazo contra Colombia del 15 de noviembre de 2003, en una victoria 0 a 1 en Barranquilla. ¡O aquel segundo gol contra Bolivia! Una de las remontadas más rápidas y emocionantes del fútbol venezolano que dejó un 2-1 en el Estadio Pachencho Romero de Maracaibo. Esos son seis puntos venidos de las botas de Juan Arango. Seis puntos que colocaron a Venezuela en el quinto lugar de la Clasificación al Mundial en 2003. Nunca antes habíamos estado en esa posición, sino cuando a punta de zapatazos Arango lo hizo posible.

arango

Es posible debatir sobre si Juan Arango es el jugador con más calidad o si en verdad es el mejor mediocampista que haya tenido Venezuela. Sobre todo si se mencionan jugadores como Luis Mendoza, Stalin Rivas o Gabriel Urdaneta. Pero es innegable que Juan Arango ha sido el futbolista más importante de nuestra historia. Su trascendencia va más allá del récord de más partidos jugados con la Selección (130), disputados entre sus cinco Premundiales, sus seis Copa América y sesenta amistosos. Son pocos los éxitos de Venezuela que no están vinculados con un pase o un gol de Arango. Incluso en los tramos de poco rendimiento de la Selección, su presencia era argumento para hacer temblar al rival.

Juan Arango nunca ha sido un futbolista sobrado de rapidez ni poseedor de un regate extraordinario. Nunca funcionó cuando se trataba de defender. Sin embargo, su lectura de partido, su visión de juego y su pierna izquierda lo convirtieron en un futbolista exitoso en Europa con el RCD Mallorca y el Borussia Mönchengladbach, logrando que otros futbolistas venezolanos fueran valorados a partir de su calidad. En muchos de sus goles no participa directamente en la jugada, pero un correcto posicionamiento en el campo y su capacidad para aplicar los principios básicos del deporte, como acompañar por el lado opuesto la acción, Arango marcó diferencias en la Vinotinto y en el fútbol internacional. Un ejemplo: el tercer gol de la victoria 0-3 ante Uruguay, cuando en el Estadio Centenario de Montevideo se oyeron “ooolés” a favor de la Vinotinto, en lo que quizás sea hasta hoy la victoria más importante de Venezuela en Premundiales.

Y su zurda. Su zurda es otra cosa. El talento que reside en su pie izquierdo podría servir de objeto a complejos ensayos sobre biomecánica. Bastaría recordar aquel gol contra la Real Sociedad. Un recuento de la carrera de Juan Arango serviría para personificar la reflexión de Roland Barthes en Del deporte y los hombres: “El hombre se define plenamente por su acción, y la acción del hombre no consiste en dominar a los demás, sino en dominar las cosas”.

Arango dominó el balón a placer: con 23 goles es el máximo anotador en la historia de la Vinotinto. Nunca fue un futbolista impetuoso, arreado por sus emociones, ni capaz de hacer un despliegue físico importante ni cubrir distintas zonas del campo. Esto le valió críticas. Muchas. Pero también es lo que lo define, porque su juego no estriba en esos elementos, sino en ver lo que los otros no estaban viendo, hallar el espacio por donde filtrar un balón entre líneas o conseguir patear el balón con tino hacia una coordenada imposible para el arquero.

Juan Arango no hacía que su cuerpo corriera. Hacía que corrieran su mente y el balón. Y nosotros con ellos. Gracias, Capitán. Salud.

 
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