TU DECISIÓN

En diciembre de 1998, los venezolanos llegamos a una encrucijada en la vida política de la nación, que bien vale la pena recordar por estos tiempos.

Luego de muchos tejemanejes de la política, nos encontrábamos con el país dividido en dos visiones radicalmente distintas. Por un lado, contábamos con Henrique Salas Römer, de ideología liberal, con demostrados éxitos al frente de la gobernación de Carabobo, y convencido de los beneficios de la descentralización. Por otro lado, teníamos a Hugo Chávez Frías, comunista confeso, con demostrados fracasos y con una propuesta contundente sobre la necesidad de construir una nueva sociedad.

Ambas visiones eran nuevas, refrescantes, con futuro, pero a la vez ancladas en la vieja política de la manipulación, llenas de titiriteros tras bambalinas, capaces de cualquier cosa para lograr sus metas. La crema y nata de la vieja guardia política venezolana y continental, expertos consagrados en el engaño y la manipulación, lograron el éxito y fracaso en esas elecciones. 

 
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Los comunistas, incapaces de unirse por 40 años en Venezuela, pero orquestados por líderes del foro de Sao Paulo, se abalanzaron a la oportunidad de hacerse con el poder detrás del carismático líder. Los capitanes de la antipolítica, asqueados del desparpajo de los liberales de centroizquierda para someternos al poder colegiado de los cogollos, apoyaron a golpistas. Se dejaron manipular para dar un cheque en blanco y entregar el país a potencias extranjeras.

Los liberales de centroizquierda, los verdaderos demócratas venezolanos habían sido incapaces de hacer evolucionar nuestro anquilosado sistema político. En pocas semanas se vieron acorralados por la antipolítica, y avasallados por la genial estrategia electoral cocinada en el Foro de Sao Paulo. Habían sido muchos, los errores acumulados en 40 años de democracia. La ausencia de una segunda vuelta. El retraso injustificado en la descentralización. Y la ausencia de una estrategia liberal de centroizquierda cónsona con valores democráticos remató el descalabro. Políticos de larga data fueron desechados sin miramientos, y la candidatura de Salas Römer quedó herida de muerte.

La elección del 98 fue un espectáculo apoteósico y triste en nuestro país.

La casta política venezolana se suicidó en pleno, ante un electorado que nunca entendió lo que estaba pasando, y no supo reaccionar. Fidel Castro, como cabeza visible del Foro de Sao Paulo, ejecutó a la perfección la estrategia que les permitió hacerse con esta nación petrolera y dar un nuevo aliento al comunismo continental.

Conocemos en carne propia el resultado del camino tomado en esa encrucijada de 1998. Venezuela quedo reducida a escombros. Quedo con un régimen militarista, centralizado y autocrático, incapaz de generar progreso a sus ciudadanos, pero que si garantizó el afianzamiento del comunismo en varios países del continente americano. Ahora, con una economía de guerra, somos más pobres, y más violentos, pero protagonistas de la diáspora venezolana. Nuestros medios de comunicación, alguna vez ricos en diversidad y tolerancia, se dirigen inexorablemente hacia el pensamiento único que dicta el régimen. Y nuestras cárceles están llenas de presos políticos.

No conocemos el resultado de haber elegido la alternativa liberal y democrática en 1998. Apenas podemos especular. Sin embargo, siendo muy pesimistas, podemos afirmar con certeza que ya hubiéramos tenido tres presidentes después de Salas Römer. Además, sabemos que PDVSA hubiera llegado a ser la empresa petrolera más importante del mundo. Estaríamos produciendo 8 millones de barriles diarios de petróleo, 5 más que en el 98 y no 1 menos como ahora. Hubiéramos recibido 4 veces más petrodólares. Nuestras plantas termoeléctricas, utilizarían la orimulsión, y no tendríamos apagones. No dependeríamos de las importaciones para comer. Los de la tercera edad podrían ver a sus nietos crecer, ya que éstos no se hubieran ido del país o muerto a manos del hampa. ¿Habría habido misiones sociales? Seguro que sí, pero con el objetivo de enseñar a pescar y no simplemente dar un pescado como es ahora.

¿Habría habido corrupción? Por supuesto, pero limitada por los poderes públicos independientes, y por Estados e Instituciones autónomas en el manejo de sus dineros públicos. Con los liberales, Venezuela bien hubiera podido ser un país para soñar. Lleno de retos y oportunidades, pero también de esperanza y futuro.

¿APRENDIMOS LA LECCIÓN?

Sólo el tiempo lo dirá. Lo que sí es seguro es que el 6 de diciembre de 2015 llegamos a una nueva encrucijada, más sabidos y más experimentados. Podemos escoger el facilismo que nos regala un régimen, a costa del progreso, a costa de la moral, a costa de las luces. O podemos escoger un cambio que significa trabajo y que también significa progreso, pero sobre todo, lleno de tolerancia e inclusión. Tú decides.

 
Pedro Bernardo CelisPedro Bernardo Celis

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