SEÑALES INEQUÍVOCAS DE ATRASO

Ya había algo malo dando vueltas por ahí cuando apareció Chávez y su grupo a tirar la intentona de golpe en 1992. Después vino otra plomazón también fracasada. Fue otra gente, pero al final es la misma raíz. Los mismos movimientos. Pero, paradójicamente, una gran mayoría del país aplaudió y respaldó los golpes dando una primera señal de distorsión, de algo torcido, de mala vista.

Más adelante se instaló la rabia a la tradición, empujada por los golpistas, y el antipartidismo y la antipolítica invadieron los hemisferios cerebrales de la población. Estaba comenzando, sin que muchos lo supieran, el desmadre social, de valores y de respeto institucional.

editorial

Lo que vino después es historia conocida y sufrida. Chávez se lanza a la presidencia, luego de abandonar el discurso perdedor de la abstención justo al darse cuenta de que iba a ganar de calle. No se dio cuenta solo. Estaba ciego entre comunismo y armas. Se lo hicieron ver veteranos políticos de izquierda, algunos dueños de medios, empresarios, otros militares, los Castro en Cuba. Todos coincidían. Chávez ganará fácil. La propia población está lista para acabar con AD y Copei y todo lo que huela a viejo. Y la gente lo hizo.

Muchos quisieron aprovechar, aunque hoy en día se la echen de perfectos demócratas, la oportunidad de meter gente en el gobierno y hacer lo de siempre: sacar ventajas del poder. Pero Chávez no tenía pensado repartir nada entre los viejos oportunistas. Su plan era repartir entre su propia gente, países amigos y fuerzas de izquierdas internacional útiles para quedarse en el poder eternamente. Hasta bancos extranjeros intervinieron en el festín.

Y, luego de ganar las elecciones, comenzó la instalación de una cultura que mandó a todo el país a las catacumbas como sociedad en casi 17 años. El personalismo ligado a la necesidad de mantenerse en la silla, poco a poco cambió las instituciones y las puso en manos del nuevo monarca. Y la mayoría de la gente se convirtió como si se tratara de una religión. Chavista hasta con hambre y haciendo colas para comprar jabón. Y más atrás la incivilidad y el desmadre institucional.

Las señales de país perdido y sin masa cerebral, que no existen sino en naciones casi prehistóricas y comunistas están por todas partes: Gigantografías del líder muerto en aeropuertos, afiches gigantes del jefe fallecido en bancos y oficinas públicas, santuarios con velas y todo en entradas de ministerios, leyes inútiles que ni los jueces cumplen, brigadas criminales de choque al amparo del poder, sistema judicial como herramienta del gobierno, gente orinando en la calle, motorizados atacando a conductores cuando les da la gana. Matraca y palanca para todo. Manipulación y mentiras. Evidente aprovechamiento de la ignorancia del pueblo para fortalecerse en el poder y acentuar la explotación de los más débiles especialmente en educación y en lo más profundo de la  cabeza.

Muchos dicen que así era antes. No es verdad. Venezuela está mucho peor. El desmadre social y la instalación de una sociedad incivilizada y sin leyes es el golpe que más costará reparar cuando la historia cambie. Y siempre cambia.

¿Cuándo? Cuando la gente sienta que ya no vive en sociedad.

 
Elides J. Rojas L.Elides J. Rojas L.

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Un Comentario;

  1. Ricardo E. Römer G. said:

    Una cosa lleva a la otra. Aquí nos trajo el binomio AD-COPEI, el Pacto de Punto Fijo y el Estado Capitalista refrendado en la Constitución del ´58. Chávez lo que hizo fue tomar la infraestructura existente y ponerla a servicio de su proyecto politico -personalismo- que ha cundido en todas las Presidencias desde la citada fecha hasta el presente. Más allá, hay que darse cuenta, que una DEMOCRACIA no puede coexistir dentro del contexto de un Estado Capitalista ya que las transacciones que exige el orden democrático, no se dan. Aquí reside el meollo sistémico del gran fracaso de la sociedad venezolana. Aquí reside el meollo de la gran amenaza que tenemos a futuro porque nadie lo ve, nadie habla sobre ello porque para el 99,99% de los venezolanos, así deben ser las cosas. Nadie se da cuenta que el concepto del Estado Capitalista vigente desde unos 70 años, impulsado por el petroleo, coloca a la ciudadanía en condición de dependencia del estado y a servicio de los que ostentan el poder. En fin, la corrupción de un sistema, pero por diseño con los efectos colaterales que son la corrupción de las personas.

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