LA CAMPAÑA COMENZÓ HACE TIEMPO

Para muchos, los mejores diseñadores de la campaña electoral a favor de la oposición son los máximos líderes de la revolución, que en realidad son los mismos de siempre, los mismo desde hace 17 años de gobierno, con algunas excepciones. Algunos, porque sencillamente pasó lo que le pasa a toda persona viva: se muere. Otros porque, también con toda racionalidad, decidieron brincar la talanquera.

chavistas

En este segundo grupo hay algunos en el exterior, otros soltando la lengua en Washington, otros refugiados en países amigos. En realidad, hasta refugiados en Twitter. Y algunos cuestionando al gobierno aquí mismo, en la sede principal de la revolución intergaláctica. Pero, claro está, todavía quedan. Es un grupo selecto más militar que cívico, pero es el de la cúpula. Son jefes de gobierno, jefes de poderes del Estado, jefes de fuerzas militares, jefes de policías, jefes de organismos de inteligencia, jefes de importaciones, jefes de donde se bate el cobre. Otros, nada bobos, lograron que los mandaran al exterior a reinar en organismos internacionales y salir lisos de esta etapa tan pobre que vive Venezuela en la que ni jabón ni desodorante hay como para ser unos revolucionarios aseados, al menos.

Pero es esa cúpula justamente la que, insistiendo en mantenerse en el poder más allá de lo que la decencia democrática aconseja, le ha tocado enfrentar con todo gusto los males que le dejó desde el comandante supremo como otros de sus máximos líderes en materia económica, de comercio y hasta militar. El desastre fue heredado, dicen algunos. No es cierto. Los jefes de la revolución, los actuales, los que salen todos los días en televisión y hasta programas de TV y radio propios tienen, son los mismos, aunque antes eran segundones de los principales. Ahora les tocó la dura. Les tocó la amarga. Les tocó llevar adelante, como puedan, lo que queda de país. Chávez, por lo menos, fue una especie de rey con un barril petrolero a 120 dólares promedio el barril. Así cualquiera. Eso daba para todo. Regalías, amigos, aviones, compras militares, comisiones. Cuando se dice de todo, es de todo.

Se fue el comandante supremo de manera definitiva y más atrás se cayó lo único con que cuenta esta revolución: el precio petrolero. Y esa desgracia, que no es ideológica sino real y pragmática, convierte a los actuales líderes del proceso en el grupo que le tocará pagar la lata de las derrotas que vienen y de las culpas. No es Chávez el culpable de las colas y el desabastecimiento. No es Chávez el culpable de que no hay dólares para comprar comida y menos para viajeros. No es Chávez el culpable de que el gobierno, que asumió todo vía control de cambio, no le pague a nadie y por tanto nadie le vende. No es Chávez el culpable. El es el comandante supremo, el Dios. Así lo vendieron y así lo venden todos los días.

Así que a quienes todavía no han escalado hasta los lugares del Olimpo les toca pagar la lata. Chávez está eximido. Los malos son los actuales jefes. Y así lo lee la gente.

La campaña comenzó hace tiempo. Y pronto habrá elecciones. Ya se verá quién paga. Y todo parece indicar que pagarán los vivos.

 
Elides J. Rojas L.Elides J. Rojas L.

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