PING-PONG BÉLICO

Aunque admito -como muchos, la mayoría sin duda- que la oposición no había tenido tan excelentes posibilidades electorales frente al gobierno como las que ofrece el 6D, no llego a asegurar que su victoria está escrita. No me ufano de estudiar cadáveres para descubrir el futuro, como lo hacen los nigromantes. Me mantengo dentro de los límites de la política y, según entiendo, los de este oficio no adivinan; se limitan a tratar de descubrir tendencias para fortalecer los ángulos débiles y redoblar los fuertes.

ping-pong

Lo cierto es que la tendencia general favorece a la oposición  democrática y no al gobierno.

Las causas inductivas han sido ampliamente analizadas. La crisis del modelo está a la vista. La inflación de nuevo más alta del mundo, enlazada con un decrecimiento del PIB que este año será de lejos el más profundo del hemisferio, se articulan en un esquema inviable que se expresa en la casi completa ruina de la economía real incluida la industria petrolera, la debacle cambiara, la fuga de capitales, la caída de las reservas internacionales, todo acompañado por epifenómenos especialmente irritantes que desquician la condición de vida de los venezolanos. Semejante regresión no parece fácilmente reversible, mucho menos en lo que nos separa del 6D, hora de los hornos, para recordar la inclemente frase de José Martí.

El gobierno quisiera evadir o desconocer ese reto, pero no podría hacerlo sin pagar un alto costo político. Por comprenderlo así, la comunidad internacional se ha volcado sobre la situación de Venezuela. No le perdona al mando nacional el abuso, la amenaza y la violencia, ni sus alarmantes violaciones a los DDHH, que han terminado por aislarlo como nunca.

¿De qué se ha valido el gobierno para alterar tan negativa percepción nacional e internacional? La hegemonía mediática, avanzando como mancha de aceite en todo el país, le indujo a valerse de lo que Solyenitsin, el ensayista y gran perseguido por el despotismo soviético, denominó “Mentira Totalitaria”, una institución de los regímenes autoritarios que pretende destruir  la memoria (la historia) con el objeto de reacomodarla a su absurda obsesión de perpetuidad.

-Un pueblo cuya memoria haya sido expropiada por el poder –recordemos a Soyenitsin- se convierte en “propiedad del Estado”, arcilla del gobierno.

Solo el movimiento democrático puede impedir y desarticular semejante operación. La tal “guerra económica”, los magnicidios y golpes carentes de toda prueba, son falacias ineficaces en las que nadie cree, recursos infructuosos del miedo.

Que temen perder se percibe en dos recientes declaraciones de Alí Rodríguez una de las figuras más resaltantes del sedicente proceso.

-La devaluación tendrá efectos catastróficos, confiesa. Y anticipa por otra parte que una AN con mayoría de la oposición será un fuerte obstáculo.

¿Obstáculo para qué, Alí? ¿Te preocupa salir del ruinoso pantano en que nos ha hundido la política del gobierno? Más bien deberías felicitarte. Escapar de la agonía en que nos encontramos favorece a todos, al país, a la oposición y también a ustedes.

Consciente de la marcha inexorable hacia el 6D y angustiado por la posibilidad de que la oposición alcance mayoría en la AN, el presidente, aparentemente hecho un haz de nervios, decidió elevar la apuesta y fue así como nos metió en la peligrosa aventura de los conflictos prebélicos en las fronteras guyanesa y colombiana, a ver si podía crear un intenso sentimiento patriótico que le devolviera el respaldo del país.

Dándose con las espuelas, ha perjudicado las reclamaciones venezolanas en el territorio en reclamación, que se habían mantenido en nivel diplomático y pacífico poniendo a raya a los amantes de la guerra. Al invocar la declaración de Ginebra, que antes había abandonado, recomenzó bien. En ese acuerdo descansa la legítima demanda de nuestro país. Pero en tono bravucón quiso “imponerlo” con amagos de violencia y, al apartarse del estilo pacífico, provocó la unificación emocional de los guyaneses. Oposición y gobierno mostraron el puño a Maduro y el chavismo perdió el respaldo del PPP -que estaba alineado con el modelo chavista- el del Caricom y hasta el de Brasil. Se ha desgarrado la tela urdida con artes más bien dudosas por el presidente Chávez.

Respondió insinuando panoramas guerreros. Guyana es débil para resistir un ataque militar de Venezuela, pero con tanto respaldo mundial ya es otra cosa. Reculó Maduro y raqueteó la pelota para la frontera colombiana al decretar la expatriación masiva de colombianos y la cadena de estados de excepción cubriendo la larga línea fronteriza. Con el respaldo de su país, incluido su rival más tenaz, Santos le respondió con firmeza que lo desconcertó. Por reflejo anunció la compra de 12 aviones sukhoi a ver si intimidaba al vecino. Pero quizá no serán pocos los vecinos que piensen en la superioridad militar colombiana para “reacomodar” límites. Tal vez el entorno de Maduro lo detectó y helo ahí impelido al inesperado plan de dialogar y no de roncar. Eso está muy bien porque la diplomacia siempre es mejor que la guerra, pero pulverizó la intentona “patriótica”.

Tratando de revivirla rebotó otra vez hacia la envalentonada Guyana por los apoyos recibidos, solo para encontrarse con que aquellos se preparaban para combatir y enraizarse en el Esequibo. La respuesta bolivariana se atascó y Maduro, flanqueado por la ONU, decidió correctamente dialogar también con Guyana.

Nada de armas, nada de balas  ni de botas.

¿Cómo mantendrás los estados de excepción si vas a dialogar con la hermana Colombia? ¿Cuántos Ojeda te sacarás de la manga para confundir a un electorado que tiene ojos para ver y oídos para escuchar?

 

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