Y DÓNDE ESTÁ MI TELEVISOR

En su humilde vivienda ubicada en Petare, a la señora Mary ya se le ha hecho costumbre recibir la visita de diversas comisiones gubernamentales que suelen tocar su puerta. Libreta en mano, franela roja y gorra, ingresan a la vivienda con un  montón de preguntas y tomar un inventario de los pocos bienes que posee. Mary se ha anotado en cuanta lista le hacen llegar: para vivienda, para electrodomésticos y otras misiones con diversidad de beneficios. Pero ella dice tener mala suerte porque nunca ha logrado que alguna de ellas se haga realidad. Con la cercanía del proceso electoral esas visitas se han hecho reiteradas, pero aun así, el televisor brilla por su ausencia.

Mary anda muy nerviosa porque se rumora que cierto centro en donde suele hacer largas colas para conseguir productos básicos será cerrado y convertido en depósito. Dice que en todo caso no le importa lo del televisor o la vivienda, pero teme que cada vez será más difícil encontrar la comida

Una noticia destaca el día de ayer en El Universal: “Arribaron más de 59 mil toneladas de alimentos a los puertos de Guanta, Puerto Cabello y Maracaibo”. Adicionalmente por Guanta entraron 3 mil reses provenientes de Brasil mientras que dos días después ingresaron otras 3 mil cabezas de ganado  por Puerto Cabello. La información la ofrece La Corporación Venezolana de Alimentos.

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Para estos organismos es una buena noticia y seguramente muchos venezolanos podrían celebrar el hecho de que el Gobierno se ocupe de la “alimentación del pueblo”. Otros menos entusiastas sospechan que tal volumen de alimentos viene a acompañar la campaña electoral de los candidatos oficialistas que ya se les ha visto en algunas zonas populares cargados de televisores y seguramente se les verá en primera fila en los mercados populares organizados por el ente de alimentos.

Pero la mala noticia, detrás de la buena de tal volumen de importación, es que ello refleja el estado en que se encuentra nuestra producción nacional y la industria venezolana. Entre la importación está la leche, el pollo y la carne, que hasta el año 2002 eran productos que nuestra economía nacional era capaz de producir para abastecer la demanda nacional y dejar excedentes para la exportación.

Productos como la carne al día de hoy sólo se pueden comprar en 1.500 bolívares el kilo o a precio regulado en un Bicentenario con 8 horas de cola y día de cédula.

Para el Gobierno de Maduro la inflación no existe y en su lugar la prioridad es comprar una nueva flota de aviones de combate mientras asiste a cumbres en donde espera obtener los aplausos que ya les son negados en el país.

Las más importantes firmas económicas internacionales ya califican que Venezuela está entrando a una situación de hiperinflación, con pronósticos de 200%, cifra oculta en el BCV, mientras que la economía decrecerá entre 7% a 11%. Ese decrecimiento está vinculado a las políticas económicas implantadas por Hugo Chávez y profundizadas por Nicolás Maduro que han deteriorado el parque industrial. El componente de la corrupción que favorece la importación es el segundo elemento a considerar y los controles de precios y de cambio que son las estructuras que permiten la gran distorsión económica que sufre el país y la alegría de los pocos que se benefician de ellos.

No se advierte ninguna posibilidad de que algún cambio germine desde el chavismo. El único diagnóstico factible que se puede hacer del chavismo como movimiento político y social es que sus actuales jefes, herederos del trono, están desahuciados. En otras palabras, les quitaron a los venezolanos toda esperanza de un futuro con bienestar.

 

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