ÉXITO O FRACASO

Las dos economías que más conozco son las de Alaska y Venezuela. Ambos son Estados petroleros, pero uno tuvo un éxito extraordinario mientras que el otro fracasó por razones obvias.

En 1960, Venezuela era una de las diez naciones más ricas sobre la faz de la tierra, con un PIB per cápita de 6.000 dólares. En 2015, el ingreso per cápita de Venezuela sigue siendo de USD 6.000, lo que la coloca en el tercio inferior de las 200 naciones del planeta. En 55 años, Venezuela no ha experimentado ningún crecimiento del PIB per cápita.

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Compárese con Alaska. En 1960, Alaska figuraba entre los 50 estados más pobres de EEUU, con un PIB per cápita por debajo de 5.000 dólares, y para los nativos que conforman el 20% de su población era inferior a 1.000 dólares. Esto hacía de Alaska el más desigual de los 50 estados. Para 2015, el PIB per cápita de Alaska excedía los 50.000 dólares, es decir, 10 veces el ingreso de 1960. Lo que es más importante, Alaska es ahora el más equitativo de los 50 estados. En otras palabras, los nativos están en la clase media junto con todos los demás.

Alaska lo hizo diez veces mejor que Venezuela en cuanto a la prosperidad compartida, gracias a dos herramientas de desarrollo. Por un lado, el Fondo Permanente de Alaska (APF, por sus siglas en inglés), que es propiedad de todos por igual y percibe 20% de la renta petrolera que se produce anualmente. El APF distribuye parte de sus ganancias e invierte el resto. Esto ha proporcionado más de 1.000 dólares per cápita a cada ciudadano durante 40 años.

Por otro lado, las empresas nativas de Alaska son propiedad y están bajo el control de los nativos, cada uno de los cuales tiene cuotas iguales de participación. Con el transcurrir de los años, se han generado 60 mil millones de dólares en ingresos corporativos, lo que proporciona empleo, ingresos y oportunidades a los nativos y los saca de la pobreza. Hoy día, siete de las 10 empresas más grandes de Alaska son propiedad de los nativos, y Alaska prospera gracias a la robustez de su turismo, industrias y comercio, y no solo por el petróleo.

En contraste, Venezuela nacionalizó la industria de los hidrocarburos e hizo de la política el negocio central del país. La industria, la agricultura y el turismo desaparecieron en gran medida con el tiempo. La corrupción política, la desinversión, la hiperinflación, la escasez, la pobreza y la desigualdad golpearon cual terremoto.

Si lo que usted busca es prosperidad e igualdad, para llegar allí se sigue una ruta trillada. Las decisiones tienen sus consecuencias.

Traducción: Conchita Delgado Rivas

 

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