¿QUIÉN OSARÁ?

No tiene la menor duda, mi bien informado amigo Nelson Bocaranda, acerca del resultado electoral del 6D. Su lectura de cuanta encuesta aparezca por allí y sus abastecidas fuentes alimentan sus convicciones. La oposición unida mantiene una ventaja demasiada amplia, muy pero muy difícil de revertir en las semanas que nos separan de las elecciones parlamentarias. Agréguese algo que no puede olvidarse: la distancia se ha consolidado durante todo el año 2015, sin fluctuaciones a la baja, lo que le confiere un carácter tendencial. Es posible revertir un número súbito, relacionado con hechos pasajeros, pero quebrar una tendencia es otra cosa. Los analistas la han conectado con la ruina económico-social en la que se está hundiendo el país, asociada a la política del actual gobierno, lo que le confiere un ángulo de fatalidad a la pronosticada derrota.

Pero la gran pregunta –la repite Bocaranda- es si el Poder se resignará a entregar tranquilamente el mando a la nueva mayoría democrática. Reproduce comentarios del chavismo “light” acerca de los preparativos de núcleos cívico-militares para después del 6D. Me detengo un momento aquí. A tenor de esas informaciones, la perversa maquinación obraría “después”, no “antes” ni en el momento de los comicios. Quiere decir que se arriesgaría a incurrir en un fraude por todo lo alto. Un fraude abierto, descarado, que inmediatamente complicaría su supervivencia internacional e interna.

despertador-6d

Solo recordaré el estado de prevención anímica que el mundo ha desarrollado frente y contra las actuaciones del gobierno de Maduro. Su aislamiento parece avanzar sin pausa, cual lo revelan los incidentes fronterizos con Guyana y Colombia.

Aparte de que en la OEA se acogió -sin proclamarlo- la llamada doctrina Betancourt que predicaba una acción internacional profiláctica contra los gobiernos “de presa”, como los llamara alguna vez Germán Arciniegas. Que esa doctrina ha entrado en la memoria de la OEA lo manifiestan dos casos recientes que ni siquiera caben en la definición “de presa” de Arciniegas: Honduras y Paraguay, de militancia congelada en la organización hasta que se normalizara la institucionalidad democrática.

Las fuentes del chavismo le informan a Nelson que los uniformados cercarían el Palacio Legislativo con el fin de impedir la juramentación de los diputados electos en diciembre. Nada es imposible en el mundo de lo desconocido, pero ¿por qué arriesgar tanto en una operación tan burda? Si tienen fuerza suficiente para el disparate abierto ¿por qué no ejercerla en impedir o posponer la consulta del 6D? Es lo que durante meses estuvo flotando en el ambiente. Algunos aseguraban que el gobierno atropellaría el acto electoral y que por lo tanto no valía la pena votar. Doble error: si se teme un fraude con más razón hay que complicarle la vida a quienes pretendan cometerlo, para que paguen un costo muy alto; y por otra parte, abstenerse por temor al fraude, es como suicidarse para evitar que lo asesinen a uno en cualquier esquina de Venezuela. Cierto, la inseguridad ha crecido a alturas insoportables, pero no será por miedo a un eventual cuchillo que la gente salga despavoridamente a suicidarse… o a abstenerse.

“Algo harán para que no haya elecciones”, se ha repetido. Es más, “algo han estado haciendo”, valiéndose de los medios más extremos que puedan imaginarse, y sin embargo el 6D, al igual que el lema del conocido whisky, “sigue caminando” y llamando la atención del mundo, como nunca desde la muerte del dictador Juan Vicente Gómez.

Resumanos los intentos de sabotaje, que en medio de jactancias y provocaciones se han lanzado contra la oposición. Primero, las sentencias inhumanas y sin la menor base jurídica, en pareja con brutales inhabilitaciones. Después, la fabricación de un clima de patriotismo ofendido con el fin de devolverle aliento al desangelado presidente Maduro. A semejante causa servirían los incidentes creados con artificio en las fronteras guyanesa y colombiana. Fue una apuesta grande, de la que esperaban, por lo menos, la posposición del evento del 6D, y por lo más, abrirle procesos penales a la conducción opositora, MUD, partidos, ONG¨s de DDHH. El holocausto, la escabechina, no inmutaron a la oposición unida, cuya decisión de votar resistió el amago mientras la operación se volvió contra el gobierno venezolano: marcha atrás en Guyana, dejando a ese país armado de alianzas en todas partes en contraste con la mengua de amigos muy importantes del chavismo: Brasil y el Caricom. Como remate, nuestros justos títulos sobre el Esequibo fueron perjudicados por los disparates de la diplomacia madurista.

Dejo para último, lo vigente: los estados de excepción, que el gobierno mantiene y mantendrá pese a verse obligado a dialogar con Colombia y dejar de lado las acusaciones que se usaron para dictarlos. Con el estatus de “excepción”  y militarizados llegarán al 6D muchos circuitos de amplia influencia opositora. ¿Y qué creen que ocurrirá? Que en lugar de retirarse de la prueba lanzando gritos estentóreos contra el régimen, la oposición aprenderá (ya lo hizo) a moverse en esos circuitos, de lo que puede pronosticarse que sus pérdidas, si alguna hubiere, serán minúsculas.

Estas intentonas fallidas han demostrado que “querer” y “poder” no siempre, como en este caso, son homologables. Hasta este momento nada le ha salido bien al régimen. No ha podido salirse con la suya. La opinión internacional está alerta y la interna movilizada. Los estrategas oficialistas miden sus pasos. ¿Comprar testigos, alentar la confusión de tarjetas para sonsacar votos cual se roban gallinas en la noche? Es muy poco, muy pobre y la víctima está prevenida.

¿Se ha iluminado el gran horizonte del cambio democrático?

 

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