EN AMAZONAS NO SOLO NAUFRAGÓ EL GANADO

La noticia reciente más destacada fue el naufragio del barco, de bandera libanesa, contratado por  una empresa brasileña, Minerva Foods, que transportaba 5 mil reses para Venezuela, valoradas en 50 millones de dólares.

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Las imágenes de la gente descuartizando reses rescatadas de las aguas del río Amazonas, nos transportan a una escena muy común en Venezuela cada vez que una gandola que transporta alimentos se accidenta en alguna carretera venezolana. Escenas que identifican los instintos más bajos a lo que puede llegar una sociedad y la expresión del submundo al que se puede conducir a todo un país.

Una semana antes otra noticia destacaba que: “Arribaron más de 59 mil toneladas de alimentos a los puertos de Guanta, Puerto Cabello y Maracaibo”. Adicionalmente por Guanta habían entrado esa misma semana 3 mil reses provenientes igualmente de Brasil mientras que dos días más tarde ingresaban otras 3 mil cabezas de ganado por Puerto Cabello. La información la certificaba la Corporación Venezolana de Alimentos.

Mientras tanto en las ciudades del país las colas de gente en busca de alimentos se extienden por todas partes. Las carnes, que ahora vienen de Brasil, Uruguay y Argentina principalmente, son productos de lujo y si alguien aspira a pagarlo al precio regulado, debe invertir entre 6 a 12 horas de cola para salir con una bolsa sangrante de piezas seleccionadas al azar.

Una alta funcionaria, desprendida de sus prendas de lujo importadas, y apertrechada con sombrero de cogollo y franelita como para la ocasión, sugiere que esas colas “son sabrosas”. En su aspiración a ocupar un puesto en la Asamblea Nacional hizo el comentario en un operativo de entrega de alimentos. Así celebraba cómo cada persona que comparecía al evento salía muy contenta con su bolsita de alimentos en la mano, bolsita que seguramente ha atravesado medio continente para llegar a manos de la señora del barrio. La funcionaria expresaba así su particular forma de ver la revolución reafirmando que “eso es lo que ha ordenado el Presidente Maduro” y “así es que vamos a disfrutar de estas colas sabrosas para el vivir viviendo”.

Al mirar la alta importación de alimentos, y en especial de ganado, ocurrida en las últimas dos semanas, debería el Gobierno explicar qué pasó por ejemplo con los tan promovidos “Fundos Zamoranos”; o con los 4 millones de hectáreas de tierras de fincas que fueron productivas y que fueron expropiadas para “dárselas al pueblo”.

En esas tierras pastaban decenas de miles de cabezas de ganado de raza. Al pasar a manos de colectivos invasores ese ganado terminó contrabandeado hacia Colombia y una parte vuelto a comprar por las corporaciones estatales. Mientras tanto aquellas tierras sembradas de pasto y rodeadas de potreros hoy están abandonadas.

Esa es la realidad que se puede encontrar tras una noticia como la del ganado que sucumbió en las aguas del río Amazonas. Se trata no solo del naufragio de un buque contratado por una empresa brasileña que le vende a Venezuela. Es el naufragio de una economía que ha sido tragada, ya no por las aguas del Amazonas, sino por una ideología mediocre utilizada por una dirigencia incapaz, que solo ha servido para favorecer y enriquecer a empresas de los países “aliados” y derivar de ellas altas comisiones. Por eso hoy lo que tenemos es una economía importadora surgida de las cenizas de nuestras destruidas empresas.

 

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