LA GUERRA “ECOcómica”

Cuando estudié Arquitectura en la UCV, había una materia llamada “Economía”, a cuyo estudio puse mucho interés. Más tarde, ya graduado, don Otto Albers me enseñaría los principios de contabilidad necesarios y suficientes como para llevar la cuenta de los ingresos y los egresos de nuestra oficina de arquitectura. Columnas cuadriculadas (“Debe”, “Haber” que terminaba en el célebre y trillado “debe haber, pero no hay”) de los millones y las centenas de mil (ambas siempre en blanco) las decenas de mil y las unidades de mil (esporádicamente un “1” o un “2”) y las centenas, decenas y unidades. Todo en gruesos libros empastados, llenados a mano y con tinta indeleble. Y sellados. Prohibido equivocarse. Luego, llevado por otra ruta distinta a la arquitectura, estudié hasta culminar el primer año de Economía en la UC para aprender lo me interesaba en mi nuevo rol de directivo de una entidad financiera, que desempeñé a lo largo de diez años.

Y jamás, durante mi incursión en el mundo de la economía, supe de esa cosa llamada “guerra económica”, inventada por la clase dominante para justificar su fracaso, y repetida por los obstinados loros chavistas. La única guerra económica posible en Venezuela debería ser una entre la gente honesta y decente y la jauría de ladrones que se han tragado la riqueza de la nación en beneficio propio. Pero quienes debían haber controlado a los que manejan, y siguen manejando, los bienes públicos, han sido antes cómplices que guardianes. De ahí que los que estamos fuera del poder carezcamos de los medios necesarios para librar esa guerra, habida cuenta que las armas legales con las que hubiéramos podido contar se las dimos al contrario hace quince años.

Ya los venezolanos no nos dividimos en las consabidas clases baja, media y alta del mundo capitalista, sino en las clases baja y súper alta del mundo comunista. En la primera vamos poco a poco cayendo todos los que no participamos del festín chavista, sin distinción de clases. A la súper alta van ascendiendo (o ya ascendieron) los que han pasado de un estrato medio o bajo a una estratosfera acaudalada hasta lo inimaginable por los que no estamos en esas alturas, y donde es cosa de rutina comprar, con un sueldo de doce mil bolívares, una mansión en el Country Club de Caracas, ahora guarida de nuevos ricachones “revolucionarios”.

Los estratosféricos han hecho desaparecer en cuentas cifradas en dólares, euros y francos suizos, los miles de millones de dólares que han ingresado al país, gracias al aumento del precio internacional del barril de petróleo hasta cotizarse en más de 100 dólares cada uno desde que el muerto dictador fue elevado al trono presidencial. Ahora ese precio ha bajado a los 40 y el país está al borde de la quiebra, según sus saqueadores por culpa de una “guerra económica” que mantiene “la burguesía” contra “el pueblo”. Uno no entiende cómo puede una clase media (la burguesía) librar una guerra de esas características, cuando el poder político y económico, las armas, los árbitros y las fuentes de ingreso están en manos de quienes se quejan de tales ataques. Realmente lo que da es risa tal afirmación sin fundamento, sin pruebas ni indicios, sin otras víctimas que los desasistidos de la fortuna, los sin techo ni atención médica, los sin escuela, los desempleados devenidos buhoneros o “bachaqueros”, los decepcionados que creyeron en pajaritos preñados.

Ya nadie se traga la burda patraña. La imaginaria guerra económica se ha convertido en una guerra “ecocómica”.

 

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