UNA CAMPAÑA TODOS A UNA

La oposición está condenada a ganar. Hay que persuadir de ello a los que aún levantan la barrera mental de que este régimen es invencible. El fracaso del gobierno, del modelo que sigue y de las improvisaciones que inventa ha producido el desacuerdo y el descontento de prácticamente toda la sociedad.

Es en extremo improbable que Maduro pueda revertir el malestar de la sociedad, aun ejerciendo todo el poder del Estado y desatando contra la oposición política, cuyo eje es la MUD, todos los ataques, provocaciones y ventajismos de ocasión.

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El mismo pueblo ya no cree en promesas oficialistas y al asumir una actitud de manifiesta oposición, se ha vacunado contra los dakazos.

La oposición política está formada por los partidos, las organizaciones de la sociedad civil y las instituciones que se proponen consciente y organizadamente afrontar la constelación de crisis que está destruyendo al país. La meta es ponerle fin de modo pacífico, democrático y constitucional al actual gobierno, principal responsable del desastre nacional.

Los propagandistas oficiales están leyendo al revés la distinción entre oposición social y política, presentándolas como realidades excluyentes. Proclamando que la brecha entre ellas es una debilidad de la MUD cuando lo que implica es un desgaste tan extremo del gobierno que hasta su base tradicional de respaldo abriga dudas en seguir apoyándolo.

El hecho, absolutamente nuevo, es que ha surgido una mayoría social distinta a la que se expresó a partir de 1999. El factor que la genera y la condensa es el descontento con la situación personal, familiar y del país. Una inconformidad que se muta en desesperación y que reclama una clara orientación política que la canalice hacia la conciencia de cambio, la disposición a la unidad y relaciones mínimas de coordinación entre la gente y los partidos.

Proporcionar esas orientaciones y asociarlas al rescate de los poderes públicos que se iniciará el 6 de diciembre es la misión fundamental de la MUD.

Ese es el blanco común, sin ceder espacio a los atajos ilusorios ni a las invenciones de terceras vías que sólo restan la oportunidad de ganarle un puesto al oficialismo.

Las críticas a la MUD que desconocen que ella es la herramienta concreta que se tiene a mano para lograr un cambio favorecen objetivamente a la continuidad del régimen.

Especialmente cuando abandonan las alusiones al gobierno.

Pero existen también críticas a la MUD destinadas a advertir debilidades, carencias y limitaciones.

Pueden ser discutibles, pero deberían atenderse con disposición a mejorar el desempeño y con la amplitud para incorporar más voluntades a la campaña.

Una campaña que debe ser de luchas, de ideas y de iniciativas enfocadas en ganar el voto de los venezolanos decepcionados y frustrados con el gobierno, pero que aún no ven en la MUD una opción confiable.

Eso significa situarse en el imaginario, los deseos y los intereses de los que aún están en ese campo y cuidarse de no reforzar las creencias que durante más de una educada de polarización ideológica, hicieron suyas. El diálogo es el medio.

También exige trasplantar el corazón de la campaña del activismo partidista a la gente, uno de los medios para fortalecer a los partidos, y la clave para lograr que el triunfo que Venezuela quiere, sea la obra de todos a una.

 
Simón GarcíaSimón García

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