MITOS URBANOS

¿Qué cosa podrías proyectar con la encuesta nacional que tienes en la mano?

Lo más difícil del análisis de entorno es separar el ruido (siempre presente) de las señales reales. Y el tema se hace más complejo cuando nos acercamos a una elección, donde el discurso político maximiza su sesgo natural, tratando de motivar seguidores, desmotivar adversarios y convencer indecisos, sin importar si lo que dicen es verdad o mentiras podridas.

No somos inmunes a los ruidos sólo por el hecho de querer evitarlos. La cosa es peluda incluso para quienes intentamos protegernos desconectando emociones. Por eso es tan importante tomar el análisis con cuidado, entender que nada es infalible, retarlo, reevaluarlo permanentemente y abrir la mente a las opiniones diversas.

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Es precisamente esta dificultad de análisis la que da pie a la construcción de mitos que mucha gente da por ciertos. Veamos aquí sólo un ejemplo en esta afirmación: “Dado que la oposición supera al chavismo por más de 20 puntos en todas las encuestas serias (y hasta en las no tanto), se puede dar por seguro que obtendrá más de tres cuartas partes de la Asamblea”. De toda esa afirmación hay una sola cosa segura: la oposición está arriba en disposición de voto nacional. De ahí en adelante, la cosa se complica.

No es posible proyectar una elección con dos meses de anticipación. Son muchos los eventos que pueden cambiar esa realidad y no me refiero sólo a cosas estrambóticas o cisnes negros. En la última etapa de una campaña la opinión pública se hace hipersensible a hechos convencionales. La calidad del mensaje, la narrativa de los polos, el control de los medios, la eficiencia de los mensajes, la plata, el populismo, las amenazas, el sobredimensionamiento de los costos del cambio y la manipulación electoral. Pero es sólo la puntica del iceberg.

En una elección parlamentaria, los datos nacionales no son suficientes para estimar resultados. Con respecto a los votos, porque la dinámica nacional podría resultar distinta a la local. Si bien a nivel nacional el rechazo generado por la gestión del presidente puede llevar a una manifestación explícita de voto castigo, cuando vemos la realidad por circuitos se observa una dinámica distinta. Si bien el rechazo está ahí, se abren espacios a dos posibilidades compensatorias que no están en la nacional. La primera es votar para sostener el legado de Chávez, aunque se esté descontento con Maduro. Si consideramos que la popularidad del líder fallecido es treinta puntos superior a la de su pupilo, podemos entender que una parte relevante de los electores no son opositores sino chavistas descontentos con este gobierno, lo que significa que pueden ser tentados, en una localidad, a votar por un candidato chavista, si este es atractivo y no relacionado espontáneamente con Maduro. Calma, lineal-pensantes, no estoy diciendo que va a pasar en la mayoría de los casos, porque obviamente los bloques son importantes, pero el riesgo está vivo. La segunda variable es la forma en la que se distribuyen los diputados. Lo que la ciencia política moderna llama el gerrymandering. Significa que el gobierno, que controla las instituciones, es capaz de colocar el acento de la elección de diputados en aquellas zonas que le conviene y traer más diputados con menos votos, con lo cual, la proyección de votos totales deja de ser concluyente.

En todo caso, si alguien preguntara en este momento, ¿qué cosa podrías proyectar con la encuesta nacional que tienes en la mano? Diría que sin cambios relevantes, hay una gran probabilidad de que la oposición obtenga más votos que el chavismo a nivel nacional. De ahí en adelante, falta mucha tela que cortar y se tejerán muchos más mitos urbanos.

Tú a lo tuyo. Vota.

 

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