¿COMPASIÓN POR JOSÉ MOURINHO?

John Carlin

El hombre ideal carga con los accidentes de la vida con gracia y dignidad”. Aristóteles

La tentación es sucumbir a lo que el entrenador alemán del Liverpool, Jürgen Klopp, llamaría schadenfreude, esa tendencia que poseemos todos de alegrarnos por el sufrimiento del otro.

¿Seremos capaces de sentir un poco de compasión por José Mourinho tras la derrota de este sábado de su Chelsea en casa contra el Liverpool por 1-3, la sexta en 11 jornadas de la Premier League, la que coloca al club londinense casi en puesto de descenso, la que podría haber condenado al orgulloso portugués a la atroz humillación de ser despedido del club de sus amores?

José Mourinho celebrates Chelsea's 2-0 victory over Liverpool in the Premier League

Algunos aficionados del Chelsea sí sentirán su dolor. Había dicho nada más volver al Chelsea hace un par de veranos, tras su agria salida del Real Madrid, que la liga inglesa era más noble que la española; que su relación con el Chelsea era como “un matrimonio”. Y lo consumó felizmente la temporada pasada ganando la Premier con contundente facilidad.

 Cuando el Chelsea marcó el primer gol del partido ante el Liverpool después de solo cuatro minutos la afición del estadio de Stamford Bridge coreó su nombre, “¡José Mourinho! ¡José Mourinho!” al compás de La donna è mobile, la famosa aria de la ópera Rigoletto de Giuseppe Verdi. Cuando el Liverpool empató siguieron cantando; cuando el Liverpool marcó su segundo gol, también, pero con menos brío; cuando el Liverpool hizo el tercero solo cantaban unos pocos, mientras algunos más evacuaban el estadio. No se volvió a oír el cántico tras finalizar el partido.

La sorpresa ahora, compartida incluso por sus más fieles devotos, sería que permaneciera en su cargo. Hoy el Chelsea es un ejército que huye en desbandada, cansado, sin orden, sin disciplina, sin ideas, sin lucha, sin confianza. Y su general portugués, que siempre ha tenido la tendencia de celebrar las victorias de sus equipos como si fueran solo suyas (en primera persona singular, no plural), no tiene manera de evitar que el peso de la responsabilidad caiga sobre sus hombros.

Aunque él ante el Liverpool lo intentó, y de tal manera que se lo pone a uno difícil compadecerle. A no ser que uno pertenezca a la familia Mourinho o a la familia mourinhista, esa secta incondicional de eternos adolescentes que se supone aún existe en Madrid y en algún rincón de Londres. Su reacción después del partido fue la de casi siempre cuando su equipo pierde. No lo dijo explícitamente, por evitar agregar más sanciones disciplinarias a las que ya ha acumulado a lo largo de la temporada, pero dejó absolutamente claro que una vez más la culpa había sido del árbitro. Lo que no mencionó fue lo que todo neutral vio: que el Liverpool fue netamente superior, que si un jugador del Liverpool podría haber sido expulsado también lo podría haber sido su delantero centro, Diego Costa.

Steve McManaman, ex jugador del Liverpool y del Real Madrid, lo comentó después en televisión: “Mourinho no tiene clase”. Pues no. Pese a haber ganado tres ligas inglesas, dos Ligas de Campeones y montones de títulos más, nunca la ha tenido. Tanto triunfo como entrenador le ha quedado grande como persona. Muchas veces se ha dicho que los berrinches y las sandeces de Mourinho obedecen a una calculada estrategia para amortiguar el daño moral a sus equipos cuando pierden. Se equivocan. Mourinho es un personaje indigno y llorón con un narcisismo infantil tan avanzado que carece de la capacidad para comprender que hace el ridículo frente a todos aquellos que han logrado llegar a un mínimo de madurez emocional.

Se ha pasado su vida profesional maltratando a sus rivales y a los árbitros y a los periodistas y a veces (Iker Casillas viene a la mente) a sus propios jugadores, partiendo siempre de la premisa de que es un ser impune y superior. Pero en el fútbol se vive de los últimos resultados y hoy por hoy, tras el peor arranque de temporada del Chelsea en 25 años, no puede presumir de ser un entrenador tan especial. La caída ha sido súbita y precipitosa y eso, en la mayoría de los casos, genera una cierta simpatía. Con Mourinho no. Él mismo dijo en una entrevista hace 10 días que no tiene muchos amigos en el mundo del fútbol. No es exactamente una sorpresa. La gente cosecha lo que siembra. ¿Compasión por Mourinho? Ninguna.

Tomado de El País Deportes

 
Etiquetas , ,

Artículos relacionados

Top