Entre ser indiferente y excluyente o ser…

AMPLITUD O BLOQUEO

Maduro no es santo de la devoción del país. De alguna manera todos lo señalan como el responsable de este huracán de calamidades que nos azota. Hay una fuerte ruptura emocional que no la evita el hecho de haber sido seguidor del proceso. La desilusión ha trasladado el descontento con su gestión hasta el modelo que quiere seguir imponiendo. El descontento está comenzando a generar rabia.

El alud de rechazo social está tomando materialización electoral. Maduro transfiere la pesada carga de su derrota a los candidatos del gobierno tienen que echarse encima la pesada carga de las derrotas de Maduro. Un peso que los hunde, especialmente porque se ven forzados a repetir mentiras sobre las colas, la reducción del consumo de las familias o la inseguridad que es una verdadera guerra de exterminio contra la población.

El Gobierno está haciendo lo suyo. El caramelo de 30% de un aumento de sueldo que por segunda vez Maduro promete como general, le pasa la mano a los miles de pensionados que dejaron de percibir durante diez meses el beneficio que ahora se suelta, arrecia los controles para dar la sensación de que está protegiendo al pueblo de los especuladores, abrirá la distribución de alimentos para apaciguar la escasez de algunos rubros, tomará a Lorenzo Mendoza como figura para remachar que los capitalistas son explotadores y quieren entregar la economía a los EE.UU. y así irá repitiendo su relato para refrescar la memoria y los sentimientos de los que lo creyeron a partir del ‘99.

La estrategia oficialista puede resumirse en el objetivo de alcanzar un resultado parecido al de las parlamentarias en el 2010: no pueden evitar que la oposición gane en votos, pero ya están haciendo lo que sea para que no llegue a los 111 diputados. Y eso lo presentarán como una victoria..

Pero los cambios en la polarización son radicales. El primero es que gobierno y oposición se han intercambiado la condición de mayoría/minoría. El segundo es la sustitución del choque ideológico por el compartido descontento social. El tercero es que el signo del nuevo polo mayoritario no es la división y la exclusión, sino la unificación, la convivencia y la participación común, a la que obliga una recomposición que está dejando atrás la desgastada división entre chavismo y oposición.

Tener confianza en la victoria no es adormilarse en sopores triunfalistas. Todavía hay que persuadir a quienes tienen dudas de acompañar la decisión de cambio. Algunos de ellos fortalecen sus temores cada vez que el triunfo de la Unidad es presentado como victoria de una parte contra otra, como continuación del odio, como venganza o pura vuelta a la tortilla.

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Pero centenares de miles de seguidores del proceso han adoptado la decisión irreversible de votar por los candidatos de la Unidad. Sin ellos y sin los que están por venir, resultaría imposible alcanzar una mayoría calificada en la próxima Asamblea Nacional. Su presencia como factor de cambio refuerza el sentido de pertenencia a un mismo país. Por eso el Gobierno va a emplear toda su musculatura para evitar una reunificación que abriría un nuevo ciclo político.

Recientemente el filósofo noruego Jostein Gaarder, autor del Mundo de Sofía, señaló que ya era hora de adoptar una Declaración Universal de los Deberes Humanos. Esa hora, la del deber personal, está llegando para cada uno. La peor deslealtad consiste en avalar la continuidad de las políticas que destruyen al país. Ya no es posible ser ni indiferentes ni excluyentes.

…Batallador y comprensivo

 
Simón GarcíaSimón García

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