LA DESTRUCCIÓN DEL BOLÍVAR

Venezuela inició el siglo XX con un valor de su moneda, el Bolívar, igual a 20 céntimos de “peso fuerte”, en su versión española o dólar en su versión estadounidense. Es decir, la tasa de cambio era Bs 5 por dólar. Durante las primeras ocho décadas del Siglo, esa paridad fluctuó poco, y más bien a la revaluación del signo monetario venezolano. En 1933, cuando Estados Unidos abandonó el patrón oro, la relación quedó en Bs 3.35/$. Luego, a principio de los sesenta, se devaluó a Bs 4.54/, para revaluarse nuevamente en 1971 a $ 4.30/$.

bolivar

Pero esa fortaleza monetaria se quebró el 18 de febrero de 1983, cuando el establecimiento de un control de cambió disparó la tasa de libre intercambio a Bs 10 por $. Emergió una tasa de Bs 6.00 y luego de 7.50, pero de acceso limitado, debido al establecimiento de las horcas caudinas de algo llamado Recadi. Desde entonces hasta acá, la marcha del populismo monetario hacia la destrucción total del valor del Bolívar se ha vuelto una carrera cada vez más acelerada. Y eso lo apreciamos en lo siguiente:

Para el cierre del Siglo, la paridad era de Bs 500 por $, es decir, cien veces más de lo que había sido a su inicio. Y el Siglo XXI no ha sido indulgente con el Bolívar. Para el cierre de su primera década, ya la tasa había llegado a Bs 9,000 por $, cuando se decide quitarle tres ceros, fundamentado todo en la idea de hacer creer en la viabilidad del “Bolívar Fuerte” socialista. En estos momentos, la tasa rebota entre Bs 700.000 y Bs 800.000, según el día, lo que se traduce en una depreciación de 999.994 % desde el 17 de febrero de 1983.

Si esas cifras le dan vértigo, basta saber que la destrucción populista de la moneda también ha logrado destruir la totalidad del ahorro en moneda nacional. De igual manera, también ha convertido en insignificante esa conquista que se llamó las prestaciones sociales de los trabajadores, y ha condenado a la pobreza de solemnidad a quienes no hayan tenido la perspicacia o posibilidad de colocar en bienes raíces o valores monetarios de otros países lo que lograron ahorrar con su trabajo.

Hay un rayo de esperanza en todo esto. En países que han sufrido destrucciones monetarias ciclópeas como ésta, como fueron Alemania en los años 20, Chile, Perú Bolivia, Ecuador y Nicaragua en los años 80 y 90, la ciudadanía se ha inoculado contra el populismo monetario. Y lo han hecho de tal forma que lo rechazan venga de la izquierda o de la derecha, y el consenso societal se ha manifestado en una expresión anti-destructiva: “con mi moneda no te metas”.

Luego de treinta años de destrucción monetaria, ¿habremos aprendido esa lección los venezolanos? Tal vez el 7 de diciembre en la mañana se empiece a despejar esa incógnita. Si no, no se preocupen, porque todavía queda un 0,000006% de moneda por destruir, y destructores no faltan.

Tomado de www.eljoropo.com

 
Aurelio ConchesoAurelio Concheso

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