LAS DIABLURAS DEL DIABLO

El primer sorprendido con la alta votación que obtuvo fue, ¡quién lo duda!, Mauricio Macri. Su combate estaba centrado en impedir la victoria de Daniel Scioli en primera vuelta, que algunas encuestadoras daban por hecha. Sin embargo, helo ahí contando el alud de votos que lo acercó a la ansiada presidencia.

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Un pequeño esfuerzo adicional a partir del resultado de las Primarias, hubiera bastado  para que Scioli reuniera el 45% o el 40 con diez puntos por sobre el más próximo rival. Con su  victoria sin balotaje, Cristina podría dormir tranquila, aunque Scioli no fuera muy  confiable, sobre todo si el hombre se alzara con el poder. Pero cuando menos el kirchnerismo habría ganado un tiempo de vida. Macri o Massa representaban pura y lisamente la muerte del movimiento fundado por Néstor y su angustiada Cristina.

Don Pepe Mujica es un personaje inesperado pero leal con sus amigos. Primero  que la propia presidenta puso en órbita la estrategia a seguir: dado que Massa es un disidente peronista y sus más de cinco millones de votos inclinarían cualquier balanza, la continuidad del kirchnerismo se mantendría si el “peronismo” (vale decir: Scioli y Massa) se unía para evitar el RIP del legado de Juan Domingo. Cristina la agarró en el aire. Tras un silencio desconcertante replanteó el asunto en los términos sugeridos por don Pepe. Descontenta por el desempeño de Scioli, dio con una estrategia que si bien lo apoyaría en el balotaje, evitaría mencionarlo y de paso armaría un cerrojo ante quien atentara contra la dinastía de Néstor, su fenecido Romeo Montesco.

Es la tragedia de los análisis estáticos. Massa definió el  problema tal como está planteado: los argentinos  votaron contra el continuismo. Y en efecto, percibidos  como expresión de cambio, Macri primero y Massa después, fueron sus directos beneficiarios. Con sumas y restas de papel no creo que tenga la menor vida el  empeño de conjurar una impetuosa corriente

Es verdad que a un peronista de cualquier signo no puede resultarle fácil optar por los enemigos históricos (Macri, Unión Cívica Radical) pero para Massa sería suicida apearse del corcel del cambio y volver al regazo kirchnerista. Y aunque los agravios personales ceden al interés político, Massa y su esposa se han sentido traicionados y escarnecidos por Daniel Scioli en un incidente que no vale la pena recordar.

–           No quiero que Scioli gane la presidencia, declaró Sergio Massa después de la primera vuelta.

Creo que lo más conveniente para él es dejar en libertad  a sus electores. ¡“Que decidan por sí mismos”! Massa no quedaría cual cartucho quemado, su opción permanecería abierta a todos cuando lo pida Argentina. De ser así, Macri será el próximo inquilino de la Casa Rosada, encarnación de un cambio hemisférico que marcará el fin del kirchnerismo y también del chavismo. Tal vez podría desplegarse un nuevo amanecer. “Tal vez” es lo que he dicho. No más.

El cofre lleno de sufragios que sorprendió a Macri emanó del llamado voto castigo. El malestar de los argentinos caló en lo profundo del kirchnerismo. Quienes venían dándole nuevas oportunidades a Cristina pese al deterioro  de la economía, la degradación insondable de la calidad de vida, los abusos políticos y la fétida corrupción, decidieron castigarla de veras.

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¿Y qué decir de Venezuela, del presidente Maduro y del 6D, fecha digna –con la venia de Martí- de ser llamada La Hora de los Hornos?

A treinta días para que los sufragios se cuenten, se aprecia casi en la piel el crecimiento eruptivo del anhelo de cambio hacia la democracia, la libertad, la convivencia y una vida mejor para todos. Más que las encuestas, con su abultada diferencia a favor de la MUD, o que el descontento borbotando  como lava ardiente en todos los rincones, son las alocadas acciones del gobierno las que mejor delatan su estado de ánimo.

–           Si gana la oposición correrá la sangre, claman en tono patético

–           Ganaremos “como sea”

–           Jamás entregaremos la revolución

Lo interesante es la broncínea serenidad con que la oposición recibe las amenazas, provocaciones o como quiera llamárselas. No se aparta de la ruta. Decidió votar al frente de una entusiasta y sustancial mayoría, y lo hará….”contra quien sea”

Se trata, sí, de valor pero ya no de temeridad porque se evidencia cada vez más la debilidad que invade el cuerpo del madurismo incapacitándolo para honrar sus amagos. Y no es que no haga o no pueda intentar nuevas maldades. Esa, al igual que el alacrán, es su naturaleza. Pero vista la creciente preocupación que se propaga en el mundo contra las prácticas del régimen venezolano y la briosa propensión al voto castigo crepitando desde la sombra, se aprecia que nunca la sedicente revolución había tenido tan mala salud, y en ningún momento la alternativa democrática  estuvo mejor posicionada para vencer.

De hecho, después de las  inhabilitaciones, condenas brutales, avasallamiento de los medios, necias maniobrillas para confundir y difusión de supuestos “tubazos” de prensa que hablan de pactos secretos MUD-gobierno y zarandajas parecidas, lo más grave fue el conjuro de causas patrióticas acompañadas de tensiones fronterizas extremadamente peligrosas, todo con el fin de recuperar prestigios perdidos, crear estados de excepción y militarizar Circuitos Electorales que con o sin ellos votarán abajo a la izquierda con la tarjeta de la MUD.

Hasta ahora la única conspiración, la del régimen contra las elecciones, no ha logrado detener la corriente del cambio, armada del filoso voto castigo.

Pero ¡cuidado! el diablo no duerme y sus diabluras son diabólicas

 

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