José María Sánchez-Silva
EL HUÉRFANO QUE ESCRIBIÓ ‘MARCELINO PAN Y VINO’

Su madre le dejó una fortuna en forma de pequeño cuento: un chaval que hablaba y compartía su merienda con Jesús.

Kiko Méndez-Monasterio

Jose María fue un huérfano de los de Dickens, de los de Andersen, de los de Sánchez-Silva. Un niño abandonado a su suerte cuando ni siquiera había cumplido los diez años, que a veces se sostenía toda una jornada sólo con el pedazo de pan que le daban los soldados, y que dormía en bancos, o en portales, o entre los cartones de algún solar.

Había experimentado hasta el tuétano el dolor agudo y sordo que deja la ausencia de una madre. La suya lo cuidó mientras pudo, casi en solitario, porque su padre -un periodista cercano al anarquismo-, sólo figura intermitentemente en el relato de su infancia, hasta convertirse en un dolor distinto, al que el escritor debe enfrentarse luego para exigirle un apellido.

marcelino-pan-vino

Madre e hijo se acompañaron en un Madrid terrible, sacudido de huelgas y revoluciones. La primera heroicidad del pequeño fue apagar la mecha de una bomba que alguien había introducido en un cine; la segunda, contemplar el cadáver de su madre, un cuerpo desnudo sobre una camilla, que significaba enfrentarse sólo al mundo, sin una caricia ni un céntimo, cuando ni siquiera había alcanzado la pubertad. Claro que, sin saberlo, la pobre mujer le dejó una fortuna en forma de pequeño cuento: apenas doce líneas sobre un chaval que hablaba y compartía su merienda con Jesús. Con esa historia brevísima construiría Sánchez-Silva su Marcelino Pan y Vino, uno de los hitos más importantes de la prosa española del pasado siglo, y una altura todavía no superada en cuanto a la literatura infantil se refiere. Pero ese éxito llegó más tarde, antes hubo que sobrevivir a las calles y a los orfanatos, agarrándose siempre a los libros como salvavidas en un mundo que se desmoronaba. Trabajó duro, y consiguió un empleo en el ayuntamiento. Por entonces aún vivía en una escuela de acogida, y allá fue a visitarle su prima, Carmen Delgado. Se vieron un domingo y luego otro, y otro más, hasta que en casa de ella -que era la casa de un Magistrado del Tribunal Supremo- se armó un escándalo porque la niña se veía con el huérfano, y encima eran primos. Para empeorarlo aún más, Jose María abandona su cómodo empleo municipal para probar con el periodismo. Carmen tuvo que dejar su casa y acogerse con otros familiares hasta la boda. Después, mientras a ellos le llegaban los hijos, en España empezaban a matarse los hermanos. Otra vez tiempo de héroes: En el Madrid del Terror Sánchez-Silva se “alista” a la Quinta Columna del general Mola, y tiene que vivir clandestino para no acabar en una cuenta. Su mujer, embarazada, rechaza el salvoconducto que le ofrecen para pasar a la otra zona, porque Carmen ni se plantea abandonar a su marido.

Cuando por fin estalla la paz Sánchez-Silva aprovecha para dejarnos lecciones de periodismo, como la inolvidable Arenga a los muertos, y después sacarle partido a la “herencia” de su madre, su inmortal Marcelino Pan y Vino. Se ha traducido a decenas de idiomas y cuenta con centenares de ediciones y tres películas, la mejor la de Vadja, en cuyo guión trabajó el propio autor. La fuerza de Marcelino es tal, que ha eclipsado algo el resto de su producción, más de cuarenta libros que merecieron el aplauso de las mejores cabezas del siglo. “Con la palanca de su pluma ha llegado a mover el mundo”, le escribió Gómez de la Serna.

Y también es una bella casualidad que el último artículo de Camilo José Cela, estuviese dedicado a José María Sánchez-Silva, el único español que posee la medalla Andersen, considerada como el “Nobel” de la literatura infantil.

Bio de José María Sánchez-Silva

José María Sánchez Silva

Nació en Madrid, en 1911.

Es el único español que ha recibido la medalla Andersen, y también posee el Premio Nacional de Literatura, y el de Periodismo, y el Mariano de Cavia, y el Juan Valera… Hasta ganó un concurso de piropos, con éste: “Señorita, vaya usted con Dios… pero vuelva.” En fin, que aunque la ideología rencorosa lo ha tratado de esconder, pronto volverá a figurar en el sitio de honor de nuestro letras. Murió en Madrid en 2002.

 

Tomado de La Gaceta España

 

Artículos relacionados

Top