LA CARACAS REVOLUCIONARIA

Venezuela potencia indetenible, Venezuela potencia energética. Venezuela potencia agrícola. Venezuela soberana. Venezuela, un país con independencia alimentaria.

Esto lo gritan a cada rato los próceres del proceso en sus interminables programas de televisión, la mayoría de las veces en cadenas obligadas de radio y televisión, como acostumbraba el comandante fallecido. Como se sabe. Nada de potencia. Todo lo contrario. Más arruinados que vendedor de aire acondicionado en Alaska.

Centro-de-Caracas

Lo mismo ocurre con los principales estados del país. Azotados por el hampa, abandonados, sin luz, con sus cascos centrales sucios y abarrotados de basura, donde no va nadie después de las seis de la tarde. Es como una marca de fábrica para el comunismo. Convertir a las ciudades en una especie de espejo de La Habana. Casas con más de 40 años que no reciben una manito de pintura, peladas. Con las huellas del chorrerón de lluvia como surcos marcadores de años. Otra señal imborrable del comunismo ramplón es el parque automotor decimonónico. Muy lógico y natural. Una sociedad que no produce prácticamente nada, tapareada detrás del bloqueo, claro que tampoco tendrá vehículos nuevos. Tampoco repuestos. Es lo primero que se siente al llegar a Cuba: el olor a viejo ligado con mar, música y retraso. Lo contrario ocurre en los países que ya vienen de vuelta como Hungría, Polonia o Rumania. Están las huellas históricas, su rico patrimonio cultural, las edificaciones comunistas para vivienda todas igualitas. También los nuevos desarrollos, las autopistas recién construidas, la juventud pujante. Dos mundos. El nuevo y moderno enterrando poco a poco al machorreo que les dejó la dictadura comunista de la URSS.

Caracas, por ejemplo, no escapa a la receta. Un casco central mejorado recientemente, sobre todo en los alrededores de la plaza Bolívar, no es suficiente para derrotar la decadencia que brota en cada rincón. Basura, niños pidiendo comida, pordioseros de todo tipo, desocupados esquineros en sospechosa posición. Calles que de repente, en cualquier cruce de esquina, se convierten en baños públicos con el hedor correspondiente como bandera. Zonas completas tomadas por edificios de la Misión Vivienda que, imposible negarlo, se transformaron en áreas de alta peligrosidad por una delincuencia trasladada para que actúe casi que a puerta de domicilio.

A la gente, como por moda revolucionaria, le ha dado por hacer sus necesidades en plena calle. Ya no hay sorpresas. Y buhoneros y bachaqueros ya pasaron a ser parte del panorama capitalino. Carros viejos rodando al lado de las lujosas camionetotas de militares, funcionarios públicos y ministerios. Rejas y santamarías cerradas no más el reloj marca las seis de la tarde. Huida general. Y no es que Drácula ande por ahí. Es que Caracas de noche, toda el área metropolitana, es peligrosa. Así, a secas. Muy peligrosa.

Siempre ha sido una ciudad complicada, pero fue cuidada, verde y con el Ávila en plan de custodio. Ya ni eso. Hasta el Ávila está picado por la miseria o invadido por el nuevorriquismo socialista.Es la Caracas revolucionaria.

 
Elides J. Rojas L.Elides J. Rojas L.

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