LA IMPLOSIÓN VENEZOLANA Y SUS IMPLICACIONES ESTRATÉGICAS PARA EEUU

La posición crecientemente agresiva del régimen venezolano hacia los países vecinos y la comunidad internacional, vista en conjunto con la ausencia de respuesta de EEUU a la crisis política que se acelera y profundiza en Venezuela, constituyen una convincente demostración del respeto que ala Administración Obama le merece la soberanía de los pueblos, y del sincero deseo de que cada país atienda, sin intervención externa, lo atinente a su propia gobernabilidad.

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Aun cuando analistas en Washington y en Latino América han denunciado desde hace mucho tiempo la vinculación con el narcotráfico de altas figuras del gobierno venezolano, de confirmarse como ciertas las aseveraciones hechas por un medio de tan alta credibilidad como el Wall Street Journal con respecto a actividades ilícitas en las que estarían involucrados el Presidente de la Asamblea Nacional y otros altos personeros civiles y militares, el deterioro de la realidad venezolana habría llegado a su punto más bajo.

Reconociendo de antemano que se trata de otro momento, fueron las acusaciones contra el dictador panameño Manuel Noriega,vinculadas al tráfico de drogas, hechas por Juzgados de Instrucción de Miami y Tampa en el estado de Florida, las abrieron la brecha que condujo el año siguiente a la invasión de Panamá.

En esta era de absoluto respeto de EEUU a la soberanía de Latinoamérica y el Caribe, y en un contexto muy diferente de consideraciones estratégicas, el liderazgo venezolano no correrá la misma suerte. Sin embargo, la situación no deja de ser sumamente grave.

En semanas recientes, una pléyade sin precedente de líderes latinoamericanos ha hecho denuncias muy duras en relación a lo que acontece en Venezuela, hecho que refleja el creciente consenso que existe en torno a que, ante la presencia combinada de acciones delictivas, represión política e inminente colapso económico, la situación venezolana no puede seguir siendo ignorada.

Sin embargo, los presidentes en ejercicio no se han mostrado dispuestos a ir más allá de pronunciamientos cautelosos, tal como lo refleja el pronunciamiento hecho por UNASUR el año pasado.

Serios académicos y analistas venezolanos han venido anticipando, desde 2012, que la situación venezolana bien puede desembocar en una salida caótica y violenta que desborde las fronteras del país y afecte toda la región. De manera que no se tiene claro si su deseo, el de los demás primeros mandatarios de la región, es lograr objetivos manteniendo silencio.

El régimen venezolano está atrapado en una espiral mortal económica y política, rodeada de dinámicas que se retroalimentan, haciendo muy difícil escapar un desenlace aparatoso.

Durante los dieciséis años de “Socialismo Bolivariano” políticas anti empresariales, incluyendo expropiaciones, controles de precio y control de cambios, corrupción gubernamental, y una disparada de la criminalidad, han destruido virtualmente toda actividad productiva en el país, más allá del petróleo.

En la agricultura, donde el gobierno ha promovido invasiones de tierras productivas, impuesto trabas a la obtención de divisas, y funcionarios exigen comisiones, pagaderas en dólares, la producción ha colapsado, y aquel paísagriculturalmente rico, de clima tropical, ahora debe importar tres cuartas partes de los alimentos que requiere para alimentar la población, mientras el gobierno cada día tiene menos recursos en moneda dura para importar lo que hace falta, con lo que a la población pobre de Venezuela se le hace cada vez más difícil tener acceso a la comida.

Hemos descrito lo que literalmente viene ocurriendo, mientras caen los precios del petróleo y aumenta el costo de producción, atenazando la capacidad del gobierno para obtener dólares.

Aun cuando la producción petrolera ha sido por muchos años el estímulo principal de la economía venezolana, una parte substancial de los mismos han sido desviados a programas de sociales (las misiones) y a programas para “comprar” influencia exterior tales como la AlianzaBolivariana de las Américas (ALBA) y Petrocaribe, al tiempo que la Industria ha descuidado el mantenimiento de su propia infraestructura o dejado de invertir para aumentar su capacidad de extraer y procesar fuentes de petróleo, tales como las arenas bituminosas del Orinoco.

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Lanegligencia gerencialen los campos existentesha inhibido a su vez la producción y acelerado el descenso en la extracción en pozos maduros,mientras el diferimiento de inversión conduce a la adopción de prácticas que aumentan los costos de producción.La fallas de PDVSAen mejorar su instalaciones ha llevado, por ejemplo, a la importación de crudos livianos para mezclarlos con aquellos más pesados, provenientes del Orinoco para poderlos procesar o venderlos a refinerías comerciales.

Aun cuando algunos expertos petroleros estiman que la producción venezolana puede haber descendido de 3.1 millones de barriles diarios a 2, 6, la necesidad de mezclar lo producido y otros mecanismos igualmente onerosos, ha llevado al gobierno a recibir mucho menos por cada barril colocado en el mercado. Para completar, un creciente porcentaje de la producción debe ser enviada a China para amortizar los restantes 14,5 mil millones de dólaresde préstamos por 56 mil millones de dólares recibidos de ese país en los últimos ocho años.

Tales prácticas, aunadas a una administración de tal nivel de incompetencia que ha llevado a importar 40 mil barriles diarios de gasolina para “regalarla” en el Mercado interno, han llevado a que el gobierno a quedarse virtualmente sin dinero.

Para el 15 de junio de 2015, las reservas bancarias habíancaído por debajo de 16,7 millones, 2/3 del nivel reportado tres meses antes. Sin embargo, algunos analistas sugieren que, de ajustarse a la realidad, las verdaderas reservas liquidas venezolanas no comprometidas, ya están en cero, impactando la capacidad del país para hacer frente a sus compromisos financieros, e igualmente su capacidad para importar alimentos y medicinas esenciales.

El doble impacto producido por el colapso de la producción, por una parte, y la indisponibilidad de moneda extrajera, por la otra, se han hecho singularmente evidentes luego de la muerte del padre del “Socialismo Bolivariano”, Hugo Chávez (Aun cuando el problema es de vieja data).

El juego está trancado

Aun en países solo marginalmente democráticos, un gobierno como el venezolano, con groseros niveles de corrupción e incompetencia, fácilmente perdería las elecciones. Y si se llegara al caso de que tal gobierno colocara a su población o estabilidad en riesgo, los militares, como guardianes del orden público, intervendrían. Lamentablemente, en Venezuela, ninguno de los dos mecanismos, ni el electoral ni el miliar, parecen poder activarse para impedir una tragedia.

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Pese a que encuestas independientes le otorgan al gobierno de Nicolás Maduro, apenas un 20% de popularidad, no hay una base económica de sustentación para permitir la movilización de la Oposición, tampoco capacidad para que la prensa independiente haga llegar su mensaje. Además, el régimen controla todos los poderes, incluyendo el Consejo Supremo Electoral, y el registro de votantes, que parecen haber sido manipulados para generar múltiples irregularidades electorales en los últimos comicios.

Tal como lo comentamos anteriormente en relación a la Orden Ejecutiva del Presidente Barack Obama, en la que se imponían sanciones a siete altas figuras del gobierno venezolano, el régimen de Maduro en efecto ha criminalizado a la oposición.  Ha combinado su capacidad para sancionar leyes ejecutivamente de manera de condenar y, a la vez, determinar la sentencia final de los jueces, así como para meter en la cárcel a opositores, mientras se hace el que no ve o incluso facilita y promueve actos de violencia de bandas armadas contra las protestas políticas.

La situación se complica aún más, por las divisiones internas de la Oposición, surgidas de diferencias conceptuales sobre si enfrentan un gobierno corrupto que aprovecha el poder, o un gobierno no democrático al que no se puede combatir electoralmente.

(Ha habido dos momentos definitorios. El uno, cuando se percibió en abril de 2013, que a Henrique Capriles le habían robado la elección, y el otro, cuando la Mesa de la Unidad (MUD) se negó a alinearse con la posición de Leopoldo López, denominada “La Salida”, apoyada por María Corina Machado y Antonio Ledezma.) 

Más allá de las alternativas democráticas, el liderazgo militar no parece inclinado a actuar para reestablecer el orden democrático.  Tal como lo subraya The Wall Street Journal, en su artículo del 18 de mayo, 2015, autoridades norteamericanas buscan evidencias probatorias de que líderes militares y civiles, comprometidos en el tráfico de drogas. De ser cierto, el liderazgo militar venezolano tiene todas las motivaciones posibles para impedir el retorno a una democracia que coopere con organismos internacionales que combaten este tipo de delito, hecho que los pondría en peligro de perder riquezas mal habidas o de ser extraditados la EEUU.

(Acá se debe incluir a militares cubanos que, por haber sido insertados en la estructura militar venezolano, pudieran estar también incursos en los delitos expuestos.)

Más allá de la política doméstica, y el rol potencial de los militares venezolanos como guardianes del orden público, aun las fórmulas internacionales para enfrentar la crisis venezolana lucen limitados.

Las objeciones de “Estados Bolivarianos” y factores interesados en países como Brasil a toda iniciativa de los EEUU, han impedido que la Organización de Estados Americanos contribuya a enfrentar la crisis venezolana.

Mientras UNASUR, por contraste, que tiene mayor capacidad institucional, el intento de esa institución en 2014, dirigidas aconstruir un camino pacífico hacia la institucionalidad, fracasó, y el ejercicio de presiones más asertivas parecen ser contrarias a una tradición continental no intervencionista, aun en situaciones como tiende a impactar a los países vecinos.

Implicaciones estratégicas para EEUU

Desde la perspectiva estadounidense, el peligro representado por la realidad venezolana, surge de la confluencia de cuatro factores:

  1. La imposibilidad de avanzar por estar la nación en un callejón sin salida, lo que hace difícil que pueda resolver la crisis por sí misma o, incluso con la ayuda de sus vecinos, sin que antes la situación se haga mucho más peor,
  2. La destrucción casi total de la capacidad productiva de alimentos y otros bienes de consumo a lo largo de los 16 años de socialismo bolivariano, magnifica las consecuencias humanas, asociadas inevitablemente a manifestaciones de agresióny desesperación.
  3. La ubicación geográfica estratégica del país como puente para el transporte de droga, tanto hacia EEUU como a Europa, también como santuario para grupos terroristas colombianos. Asimismo, por sus vastas reservas petroleras que se extienden hacia el territorio y las aguas de paísesvecinos como Guyana, Trinidad, y
  4. El rol de Venezuela como puente de acceso a la región de múltiples factores extra-hemisféricos, cuyos intereses estratégicos compiten o están en conflicto con aquellos de EEUU, incluyendo China, Rusia e Irán.

Los dos primeros factores sugieren que la situación pudiera degenerar hacia un colapso económico y caos político, posiblemente acompañado de una hambruna, enfermedades, violencia entre aquellos desesperados por sobrevivir, con un narco-gobierno a su vez desesperado por retener el poder. La escasez de alimentos y medicamentos básicos supera el 60% en la actualidad, al tiempo que se reportan asaltos a camiones cargados de suministros.

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Másallá de las protestas políticas, en la medida en que la situación se deteriore, la Fuerza Armadatendrá que apelar a mayor uso de las armas para mantener el orden. Ya se habla en Venezuela de posible repetición del Caracazo que sacudió al país en 1989, protesta caótica en la cual miles murieron, contribuyendo a la postre a estimular los dos atentados militares de 1992, y eventualmente, a la defenestración del Presidente Pérez, bajo cargos de haber suministrado dineros sin autorización, a la presidente nicaragüense, Violeta Chamorro.

En la eventualidad de que la situación venezolana degenere en violencia y caos, sus vecinos, Colombia, Guyana, y Brasil, así como las cercanas islas de Aruba, Curacao, Bonaire, Trinidad y Tobago, se verían obligados a realizar gastosejercer un control fronterizo medianamente efectivo tipo de control fronterizo y manejar el reto que supondrá hacer frente a las demandas impuestas por la criminalidad.

Simultáneamente, Estados Unidos y Europa tendrán que hacer un mayor esfuerzo para frenar el tráfico de drogas, originado en crecientes despachos desde territorio venezolano, al tiempo que refuerzan la capacidad de atender las demandas, tanto de naciones de Centro América como del Caribe para hacer frente a la criminalidad que crecerá al amparo de estos flujos.

La otra cara de la moneda

Irónicamente, en la medida en que deserciones como la del Capitán Leamsy Salazar, aumente el número de oficiales dispuestos a confiarle a las autoridades de EEUU información sobre las actividades delictivas de sus colegas, aumentara también la desconfianza interna en la elite gubernamental venezolana.

Al mismo tiempo, en la medida en que aumenten las acusaciones formales y un número mayor de oficiales sean agregados a la lista del Departamento del Tesoro de EEUU, la elite política y militarde Venezuela se verá atrapada en su propio paísy se darán cuenta de que sus cuentas bancarias y propiedades en Miami, así como el sustento personal y familiar, están en riesgo.

Al tiempo que aumenta el monitoreo de los flujos de dinero y se incremente el aislamiento del país, se harámásdifícil el uso de Venezuela como puente para la droga, y se desatara un guerra a muerte entre bandas que estarán compitiendo por recursos cada vez menores.

Así, a final de cuentas, el temor a la aplicación de la Ley en EEUU, mucho más que una oposición principista o la intervención extranjera, puede ser lo que lleve a la elite bolivariana a enfrentarse unos a otros, generando situaciones que probablemente desafiarían la noción que se tiene sobre la naturaleza pacífica del pueblo venezolano.

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El camino a seguir

A  pesar del espantoso escenario que se dibuja en los párrafosanteriores, no conviene a los intereses estratégicos de EE.UU. intervenir en Venezuela. Hacerlo, provocaría mayor daño que beneficio tanto en las relaciones del país en la región, y a su posición estratégica global.  Estimamos que mucho más se puede lograr aplicando severamente la ley en la Región.

Tomando en consideración las vidas que se perderían en la eventualidad de una invasión armada, no queda claro que si habría beneficio neto alguno desde un punto de vista humanitario. Una intervenciónprobablementellevaríaademás a involucrarse en el hemisferio a fuerzas extra-regionales como China y Rusia, alejando a la Región un paso más,del objetivo hemisférico fundamental de contribuir a consolidar la gobernabilidad y la democracia.

Descartando toda opción militar, los EEUU deben reconocer y estar muy conscientes, sin embargo, de las consecuencias probables de un progresivo deterioro de la situación venezolana, y trabajar con aliados regionales e instituciones para mitigar en lo posible sus consecuencias.

(———-)

El colapso de Venezuela constituye una tragedia para los venezolanos, para los países vecinos, y para todas las naciones de la Región. Sin embargo, también representa para EE.UU. una oportunidad para darle sustento a la democracia, contribuir a estabilizar políticamente el hemisferio, y estimular el desarrollo. Si EEUU actúa con prudencia y generosidad en medio de la crisis que se desarrolla, puede demostrar que aprecia los vínculos comerciales, geográficos y familiares que unen a las Américas.

*Traducción: Strategyon, Centro de Análisis Estratégicos

Nota: Algunos segmentos han sido abreviados, colocándose en paréntesis. Otros, de menor relevancia, han sido omitidos por razones de espacio.  El texto completo en inglés puede obtenerse en la fuente abajo indicada.

 Fuente: http://csis.org/

 
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