¿REINSTITUCIONALIZAR LAS FUERZAS ARMADAS?

Vital es reparar la política, la justicia, la educación y el matrimonio, instituciones que han sido pateadas, y no las Fuerzas Armadas que… aún funcionan

Mucha gente me pregunta de buena gana ¿Habría que re institucionalizar a la Fuerza Armada? Me permito explayarme en la respuesta. En Venezuela no importa si usted se llamaba Cipriano Castro, Juan Vicente o Eustoquio Gómez siempre podrá contar con abogados de talla prestos a enderezarle lo torcido. No importa en que dictadura se encuentre, siempre habrá una gran cantidad de juristas “de sumo prestigio” siempre listos y encantados de ayudarlo en lo que usted necesite.

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Si hemos contado con los sastres del derecho, quienes a lo largo de la historia le han hecho trajes a la medida a los dictadores de turno, es decir constituciones, también han existido letrados que se levantaron contra la dictadura ejerciendo plenamente y de forma democrática el derecho. De los presidentes de la democracia muchos fueron abogados, Rómulo Betancourt en algún momento de su vida decidió estudiar en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela, en la presidencia de la República lo sucedió un abogado de nombre Raúl Leoni, a éste lo reemplazó otro colega, Rafael Caldera y a éste quien lo sucede es un bachiller que también quiso ser abogado, Carlos Andrés Pérez. Luis Herrera Campins sustituye a CAP y Lusinchi pasará a la historia como el medico presidente de la democracia, volvería CAP a quien lo seguirían tres abogados más en la transición hacia el fin de la democracia.

Se dice fácil pero, eliminando a los juristas del terror, siempre agradados de darle formalidad jurídica a la matanza o edulcorar las mazmorras llamando a los tiranos de turno “grandes demócratas” -porque el derecho da para todo- prácticamente 36 de los 40 años de democracia fueron abogados o cuasi, quienes presidieron la República y  para que ellos llegaran, fue siempre necesario competir políticamente y ganarle desde a un Gonzalo Barrios, Arturo Uslar, hasta Oswaldo Álvarez o Eduardo Fernández, todos abogados. Prácticamente el 90% de los presidentes y directivos de todos los partidos políticos fueron o son abogados, lógicamente todas las eminencias de la magistratura lo fueron, fiscales generales y procuradores, jefes de policía, junto a no pocos contralores y hoy, muchos candidatos a presidente o a la Asamblea son abogados.

La Justicia y la Economía

Pues bien, en Venezuela la segunda institución más derrumbada a patadas es la institución de la Justicia. Es, por mucho, una de las mayores vergüenzas que tenemos los venezolanos –que nada nos avergüenza como cuerpo social. Supuestamente un país en el cual gobernaron hombres del derecho (no me refiero únicamente a las presidencias) el mayor fracaso, el mayor descalabro institucional lo llevamos nosotros, los abogados, indiferentes como cuerpo para enmendar “el torcido” porque de derecho no tiene nada. Por eso el peor ‘producto’ que existe en Venezuela de una institución, rescatando lógicamente a las individualidades ejemplares y nobles, son nuestros tribunales. Lo sabemos todos los abogados, nos lo decimos desde el primer día que hicimos cola ‘en pajaritos’ o vimos por primera vez a nuestros jueces, despachando en “palacios”, pero que carecían de resmas de papel, decirnos que la justicia en Venezuela, no existe.

Habiendo sido todos profesionales del derecho los que gobernaron o ayudaron a gobernar, no emanó de ellos intención alguna de crear lo más hermoso y noble de un país luego de su gente, la Justicia. Como bien lo dijo un sabio en su momento “no hay mejor programa económico que una justicia imparcial y unas reglas del juego claras”, por lo que arruinando a la justicia e impulsando veintitrés constituciones, veintidós reformas y once constituyentes, siempre propuestas por egos jurídicos de bolsillos repletos de dinero y vacíos de Patria, arruinaron la credibilidad que debe tener un país con relación a su justicia y con ello, también desmantelaron la economía de Venezuela.

La Política, la Educación y la Familia

Digo que son la segunda y tercera, porque lógicamente la primera, las más malograda de todas, es la institución de la Política, de la cual no hace falta mayor comentario, pero que paradójicamente ha sido “gerenciada” por los mismos que destruyeron todo lo anterior. La cuarta institución en ruinas, es la educación y no me refiero al contenido académico y a lo que los alumnos logren retener en biología o matemáticas, gracias a los abnegados y vapuleados maestros, sino que el venezolano no padece de ‘falta de’ educación sino algo mucho peor, ha sido ‘educado para’ el despelote,  con el mal ejemplo del “nada importa”, con el paradigma “del todo vale”, han sido diseñados para aguantar lo inaguantable y de paso aleccionados por su clase política, para aborrecer la democracia.

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Por eso la institución política y de gobierno –aunque suene cursi- terminó destruyendo al país cuando permitió desde los años cuarenta que un presidente (todavía idolatrado) educara a su pueblo a punta de amantes, prostíbulos y borracheras.

Cuando las instituciones “académicas” promocionaron en los cincuenta los éxitos de nuestros gobernantes, a costa de robarse los dineros públicos y llegada la democracia,  se permitió continuar la tradición de demoler el cuerpo social a punta otra vez de amantes, amigotes corruptos y de esa descomposición de la “Institución de la Presidencia” no podía emerger otra cosa que su ‘creatura’, uno que dejó hijos regados por doquier y que explicaba en cadena nacional por TV en un programa, que mientras tenía a su familia viviendo en un rancho de cartón, paseaba: “Siiii, uhhhh tenía una sirena, pregúntenle a una novia que tuve por allá, tremendo Volkswagen, era pavo el Volkswagen”.

Por eso el matrimonio que ‘es la célula fundamental de la familia’, es también la quinta institución destruida, toda una calamidad. Y si “la familia es la base de la sociedad”, la institución social de la familia prácticamente no existe y si esto ocurre, tenemos la sociedad que tenemos.

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Por eso muchas veces me impresiona cuando escucho los ataques a la Institución Armada, que por mucho parecía ser una de las más sólidas – entendiendo y ubicándola en el despelote general – que tenemos en Venezuela. Ellos, saben como navegar y como escoger blancos múltiples y disparar misiles “más allá del horizonte”, saben como maniobrar un avión a match uno  y disparar sus tanques. Dominan el arte de garantizar la seguridad del territorio de la misma manera que el orden público, con las dificultades propias del tercer mundo y sus severas deficiencias como todo lo venezolano, porque Venezuela como un todo, es igual a un cuero seco.

Pero culpar a la Institución Militar, del verdadero desastre institucional es por mucho una idiotez, porque la institución se nutre de los desastres originarios (familia, sociedad, política y justicia) aun así, hoy en día una de sus principales funciones es el de reeducar a quien entra allí y sembrarle unos valores que hoy lucen en las antípodas del cuerpo político venezolano actual: Orden, disciplina, trabajo, honestidad etc.

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Que la cultura de los “chopo e’ piedra” heredada por la democracia y “el sobrante de generales y oficiales” creados también por la democracia y ampliados en revolución, se dedican a hacer política y que con una mediocridad superlativa, creen que saben gobernar o gerenciar, es algo que llevamos setenta años construyendo los civiles (en especial los “intelectuales y los notables”), pero eso no dice que en las divisiones y brigadas, donde el trabajo técnico y militar se lleva a cabo y que es donde yace incólume el espíritu de la ex Fuerzas Armadas, se haga política. Que uno que otro chupe medias, salga golpista, sea corrupto o eructe en público, no es excusa para decir que hay que reinstitucionalizar lo que sirve, cuando lo que hay que hacer es ‘institucionalizar’ lo civil y en especial, ese desastre de institución, llamada política.

A partir de esa “institucionalización” entenderemos entonces como aplicarnos mejor en el tema de la Seguridad, la Defensa y de esa institución llamada Fuerzas Armadas, que por más que sostengan que tiene una historia antigua, está dando apenas sus primeros pasos modernos.

 

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