Argentina y Venezuela
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El presidente constitucional JP Rojas Paúl (1888-1890) entregó pacífica y legalmente el mando a Andueza Palacios (1890-1892). Lo peculiar del caso es que en una época de caudillos militares como fue el siglo XIX republicano, por primera vez en la más bien torcida historia venezolanados civiles le dieran curso a la alternación presidencial. Dos civiles sometidos a la norma de los lapsos bianuales, según lo había dispuesto el general Antonio Guzmán Blanco. El punto fue que, cumplido su mandato, Andueza quiso reformar la Constitución para darse un tiempo más, pero para su desgracia desde las entrañas del país, el general Joaquín Crespo organizó una“revolución” ¡Otra más, Señor! Y la adornó con el nombrede ”legalista”.

  • ¡Abajo el continuismo, viva la legalidad! clamaron sus fieles

Estaban dominados por la pasión revolucionaria. Herederos y defensores del Libertador Bolívar, no tolerarían más caudillos, como que si el desvalido abogado contra quien emergían pudiera ser uno de aquellos. Pues bien, para usar la versión corta del cuento, Crespo, quien sí era caudillo con todos los hierros, hizo lo que le reprochó al pobre Andueza, y se convirtió en el nuevo hegemón de la política venezolana. “Revolucionario” y “bolivariano” a todo dar, por supuesto. Aunque aquí entre nos, a aquel general en jefe, no le faltaban virtudes y entre ellas el respeto a la libertad de prensa.

democracia-cadena

Pero dejemos a Crespo en paz. Interesa  en cambio aludir al continuismo versión siglo XXI, que incidió en las elecciones presidenciales de Argentina y vuelve a hacer acto de presencia en las venezolanas del 6D y siguientes.

Daniel Scioli y Mauricio Macri van al balotaje el domingo 22 de los corrientes. Y pese a que en el debate que protagonizaron Macri pudo salir mejor librado, la causa de que su desempeño fuera universalmente mejor  valorado reside en que se asió claramente a lo que está en juego en la patria de San Martín y Belgrano. Con la vista puesta en el resultado de la primera vuelta, donde obtuvo mucho más de lo que esperaban él y todas las encuestadoras, y todo el mundo, descubrió que los argentinos más que por tal o cual candidato, desesperaban por extirpar “el continuismo”. Y en Argentina de hoy semejante fenómeno se encarna en doña Cristina Kirchner.Kitchnerismo y Continuismo, la misma vaina es.

La egolatría de la señora no le dio margen a Scioli. Si quería ganar, el candidato del Frente de la Victoria debía asumir una imagen independiente, no arrastrar una gestión dañada, como un sudoroso buey enyugado a su pesada carreta. El cielo es testigo de que lo intentó. Quiso desestimar las críticas a la Presidente repitiendo que de nada servía perderse en la obra de un gobierno saliente. El punto, a su juicio, era el futuro.

Macri no lo perdonó. Scioli pareció perder la forma y eso es lo que sintieron los millones que siguieron el debate. Su drama es que ni podía renunciar a la fuerza que lo sostenía ni aferrarse a ella. !Ah si la egolatría de Cristina le hubiera dejado escape!

Las parlamentarias de Venezuela están bajo el mismo signo. Se respira en todos los rincones una creciente propensión al voto castigo. Más que las candidaturas de la MUD, muchas excelentes, el gran acierto de la fuerza opositora ha sido la tarjeta única, las planchas únicas y el comando único. Y todavía mejor es haber comprendido que el pluralismo y ladiversidad, lejos de ser “debilidades”, son la más grande de las fortalezas de que  disponela alternativa democrática. La MUD está llena de voces y eso es muy bueno, en tanto que el maduro-cabellismoestá sometido a una sola, con su carga de errores y disparates que tan profundamente han hundido a los venezolanos y degradado la sedicente revolución.

¿Y por qué el pluralismo de la oposición es su fuerza y el monolitismo del gobierno, su debilidad? Pues porque la sociedad es también plural, no singular. El dilema del agonizante país se expresa en una disyuntiva: democracia o dictadura. Tal disyuntiva prevalece sobrelas contradicciones ideológicas  y políticas y pospone las legítimas aspiraciones candidaturales, que afortunadamente proliferan en la oposición y están prohibidas en el gobierno.

Si el continuismo no fuera electoralmente derrotado, la democracia podría desaparecer, y por lo tanto en este momento la cuestión no es resolver entre socialdemocracia,  democracia cristiana, progresismo, liberalismo o socialismo democrático. Semejantes corrientes siguen presentes con diferencias y  coincidencias pero han comprendido que en un régimen antidemocrático ninguna tendría vida. Es cuestión de vencer o morir,e impulsadas por ese imperativo adoptaron la prudente decisión de unirse ellas y unir a la nación. Se trata de construir un sistema democrático verdadero, en cuyo marco reinen la libertad de expresión y el conjunto de garantías proporcionadas por el estado de derecho. Pensemos en el juego libre de las opiniones plenamente garantizado por la ley y la justicia.

La premisa está a la vista. Remover el obstáculo que clausura progresos. ¡No más continuismo! La voluntad soberana, en la suma de todas las corrientes ideológicas, deberá encarar el reto del 6D para abrir el pórtico democrático y alcanzar el sistema de la convivencia y la sana competencia. Incapaz de detener el cambio,el Poder no hace campaña sustantiva. Reprime cuanto puede y alienta opciones paralelas.

La respuesta es, pues, clara como canto de gallo: no dispersar la voluntad popular, concentrarla en la mayoritaria MUD para que la sinergia encauce el sentimiento de cambio que duerme en el alma de la inmensa mayoría de nuestra atormentada nación.

 

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