DESPUÉS DEL SEIS

El próximo 7 de diciembre no aumentarán las reservas líquidas de la nación ni el precio del petróleo. Quizás suban los valores venezolanos en las veleidosas bolsas del mundo, más nada.

Luego de cualquier euforia inicial y más allá de las efusivas felicitaciones de coyuntura, Venezuela entera -oposición y régimen- enfrentará sin aliados todos los problemas acumulados en tres lustros de fallidos experimentos.

Los “amigos” que compró en los últimos años se pirarán sin preaviso, y la confianza que les tuvieron sus aliados tradicionales se habrá esfumado.

La credibilidad externa de la nación desapareció y no se podrá reconquistar de la noche a la mañana, por más alegría que generen los eventuales resultados electorales, y por mucha admiración que produzca una oposición irreductiblemente democrática.

La “democracia modelo” del Hemisferio Occidental resultó ser castillo de arena, derrumbado a patadas por turbas irresponsables, capaces de elegir -repetidas veces- opciones delirantes y extemporáneas, totalmente alejadas de la realidad.

Una gente susceptible a votar por mayoría a semejantes proyectos inspira una desconfianza similar a la que afrontó el pueblo alemán en 1945 -aún guardando todas las distancias del caso en materia de barbarie.

También pereció la imagen de “fuente energética confiable”: el uso visceral y pueril del recurso petrolero como caprichosa arma política no ha pasado desapercibido para todas las naciones sofisticadas del planeta -que harán lo necesario para impedir que la experiencia se repita.

Entre los grandes retos a partir del 7 de diciembre estará recuperar el crédito internacional de la nación y el flujo de inversiones hacia Venezuela.

Esa responsabilidad -más todos los desafíos políticos internos- no quedará en manos de un régimen que no podrá dar sino aletazos de ahogado, sino de una oposición seria, que deberá conducirse de manera inteligente, responsable y -sobre todo- unida.

La forma en que la dirigencia opositora maneje los resultados de diciembre resultará decisiva para reivindicar al país ante la comunidad internacional. ¿Existirá la disciplina y capacidad generalizada para aproximar los logros del pueblo alemán?Ojalá algunos dirigentes no se dejen arrastrar por las adulancias de algunos adláteres que desde ya les retratan con banda presidencial, quién sabe con qué agendas secretas y personales.

El 7 será la hora de verdaderos estadistas que, con ponderación, inteligencia y altura, afronten y estabilicen los inevitables retos del futuro inmediato. Dios nos libre de las estrellas fugaces.

 

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