DOS SIGLOS DE ENLATADOS…
Y SIGUE SUMANDO

Descubierto en 1810, este método de conserva de alimentos sigue siendo al día de hoyuno de los más utilizados en todo el mundo.

M.G.P.

Napoleón Bonaparte se asombraría, sin duda, si tuviese la oportunidad de examinar una cocina de hoy en día. Probablemente no entendería para qué sirven los numerosos electrodomésticos que pueblan la encimera, se quedaría anonadado con el poder de refrigeración de las neveras y no alcanzaría a comprender cómo se puede calentar un cazo sin encender un fuego. Al abrir la despensa alucinaría con la utilidad de los tetrabriks y le llamaría la atención el packaging de plástico de los productos. Menos mal que durante su registro caería en sus manos, tarde o temprano, una lata de atún o de sardinas. Al fin un objeto familiar.

enlatado

Porque el emperador francés conoció en vida las latas de conserva. No solo eso, sino que propició su nacimiento: en 1795 ofreció un premio de 12.000 francos para quien inventara alguna forma de mantener los alimentos frescos durante un periodo de tiempo prolongado. En 1810, el francés nacionalizado inglés Peter Durand patentó los recipientes de hojalata, basándose en el descubrimiento de Nicolás Appert de que la carne hervida y guardada herméticamente (en botes de cristal) se conservaba sin estropearse. Sus ventajas eran múltiples por su facilidad para la conducción del calor, su ligereza o resistencia, entre otros.

La aplicación militar fue, cómo no, la primera que tuvo este invento. Aunque, en un principio, no era fácil abrir las latas: los soldados británicos recurrían para ello a bayonetas, navajas e incluso disparos de fusil. También era habitual lanzar piedras para poder acceder al contenido de los envases. Al año siguiente se comercializó por primera vez el envase de hojalata, utilizado principalmente para contener carnes y verduras. Hubo que esperar algunos años, sin embargo, para que los primeros alimentos enlatados apareciesen en las tiendas inglesas ya de forma habitual.

La tecnología relacionada con las latas avanzó rápidamente. Se consiguieron hitos, entre ellos, preservar los productos alimenticios perecederos, envasar en los tiempos de abundancia o cosecha, transportar adecuadamente los alimentos a puntos lejanos con escasísimas pérdidas, disponer de ellos fuera de su temporada, facilitar la preparación de la comida en el hogar y economizar costes, así como garantizar la calidad de los alimentos.

Las latas han cambiado la vida y los hábitos alimentarios de millones de personas. Los ejércitos y los marinos, cuya preocupación histórica ha sido cómo llevar la mayor cantidad de comida en el menor espacio posible (sin que se estropee), fueron los primeros que se aprovecharon de los beneficios que suponían los envases metálicos en el almacenaje y transporte de los alimentos durante sus jornadas.

El sector industrial no tardó en ver las posibilidades que ofrecía este adelanto tecnológico para el mundo de la distribución. Esta nueva tecnología llegó a España en 1840, parece ser que gracias al naufragio de un navío francés cerca de Finisterre. El buque iba cargado de latas de pescado. Al año siguiente ya había abierto la primera fábrica.

Las conserveras han tenido gran importancia socioeconómica en España, en especial en zonas altamente dependientes de la pesca, como Galicia, Cantabria y País Vasco. Tanto es así que este país lidera, a día de hoy, la producción en la Unión Europea y se ha colocado como el segundo productor mundial de conservas de pescados y mariscos, con unas 340.000 toneladas anuales, según datos de la patronal Anfaco.

En sus inicios, fuera cual fuera su uso final, las latas estaban hechas de hojalata desnuda, sin decorar. Más de dos siglos después, las últimas innovaciones en este tipo de envases se han producido en su exterior.

El envase se ha adaptado a los gustos y caprichos del consumidor. Los colores, las formas o las posibilidades de personalización de los envases son solo algunos de los ejemplos de la evolución de las latas en los últimos años. Hoy pueden llegar a ser productos de un diseño llamativo. Y pese a sus dos siglos de antigüedad, no se ven como artículos anticuados. La razón: se ha revelado como una solución inteligente para la industria y los consumidores.

Su seguridad y sostenibilidad son sus valores más apreciados. Todos los materiales usados en su fabricación son cien por cien reciclables, lo cual le añade atractivo e interés de cara al futuro, que se prevé longevo.

lata

Del zurrón de Napoleón a las plantas de reciclaje

Pese a que su aplicación más conocida es la alimentaria, las latas se emplean, hoy en día, en varios sectores, como las bebidas, salud y belleza y productos para el hogar, además de otros usos industriales. Hace años que el aluminio sustituyó a la hojalata como material predominante, aunque también se usan muchos otros.

Sus beneficios son múltiples: además de económico, este material es natural y cien por cien reciclable. Desde la patronal AME (Asociación Metalgráfica Española) aseguran que ese proceso se puede seguir después de cada uso, por lo que una vez entran en el circuito, estos materiales se reutilizarán de forma permanente sin perder sus propiedades inherentes. A día de hoy, el 73% del envase metálico usado en Europa es reciclado, convirtiéndolo en el material de envase que más veces se aprovecha. Y el objetivo es que la cuota alcance el 80% para 2020.

El hecho de que las latas tengan múltiples vidas tiene varios beneficios para el medioambiente (además de para la industria que hay detrás). Así, reciclar una tonelada de chatarra supone el uso de hasta un 95% menos de energía de la consumida, al fabricar una tonelada de metal a partir de materia prima.

Cada envase ahorra el doble de su peso en materia prima cuando es reciclado, y esta política ha hecho que la industria haya reducido un 30% entre 2000 y 2020 las emisiones de dióxido de carbono (CO2).

Tomado de cincodias.com

 

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