EL REVOLUCIONARIO DESCUIDADO

Por primera vez en 16 años de dominio el chavismo marcha hacia una derrota que, a diferencia de los resultados del referéndum revocatorio de diciembre del 2007, compromete la pérdida de un bastión fundamental, la Asamblea Nacional,  en el objetivo de mantener atados y obedientes los poderes que antes personificaba el gran timonel y hoy se diluyen en la confusión de un liderazgo escindido y privado de la materia básica de todo gobierno: el apoyo de la mayoría.

En esa dirección es factible constatar el fracaso de una dirigencia que, privada del accionar táctico y estratégico del gran timonel,  ha puesto en evidencia su incapacidad en la aplicación de los preceptos básicos del librito marxista-leninista, fundamentado en  la agitación y la propaganda, persuasión y disuasión, valga decir, en la consolidación de la  voluntad mayoritaria mediante el bombardeo propagandístico,  la utilización de los mecanismos pedagógicos a su alcance y la propagación de una ideología que pretende ganarse la adhesión  y la obediencia persiguiendo al “enemigo de clase”, antes que al convencimiento proveniente de la confrontación  democrática, el debate de ideas y el planteamiento de argumentos  y racionales.

En honor a la verdad el gran timonel es responsable, en buena medida, de ese fracaso, porque si bien tuvo éxito en su estrategia de acumular la mayor cantidad posible de poder, a través del clientelismo desatado, falló en algunos aspectos esenciales: primero, se empantanó, como suele ocurrir con los regímenes del socialismos real, en el  intento desacompasado y contradictorio de establecer una economía socialista que nunca cuajó.

Segundo, pese a la represión, no se pudo  aniquilar totalmente a ese terco fantasma del enemigo de clase que subsiste en medio de todas las penalidades. Tercero, la tarea de inducción ideológica, a pesar del dominio mediático y la creación de un gran aparato comunicacional, obtuvo magros resultados como lo indican todas las encuestas porque ese militante duro y resteado (con hambre y con desempleo…. etc. etc.), constituye una  mínima minoría.

Cuarto, antes que apoyarse en un partido grande y organizado, como lo indica el librito, que diera continuidad al sistema, el esfuerzo se concentró en el carisma y la conexión  mágica del caudillo con las masas. Quinto, embebido, como estaba, en un liderazgo asentado sobre los resultados de una de elecciones consecutivas, en ocasiones avasallantes, le perdonó la vida a un sistema electoral que le era favorable y colmaba su ego en apasionado idilio con las masas.

Ahora ya no está el líder, el partido es una ficción debilitada por las facciones internas en pugna, la baja de los precios petroleros paró en seco los programas clientelares, se destruyó  la economía productiva, el hombre nuevo ha desaparecido del mapa, (solo se le puede encontrar en las inmensas colas a las puertas de los supermercados mezclado con el “enemigo de clase”)  y para colmo de males  marchamos a unas elecciones que implican el  derrumbe de un choreto  parapeto, levantado descuidando los preceptos básicos de los pioneros, Lenin y Stalin, a la hora de llevar a la práctica lo que en Marx fue solo una teoría.

 

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