ESCUCHADO POR AHÍ

Comenzó la campaña electoral y eso le da un giro al ambiente que se venía viviendo en Caracas y, tal vez, también en el resto del país. Al peso de las colas para comprar comida o productos varios, a la fila de escándalos que aparecen con frecuencia semanal involucrando a protagonistas de la revolución en las más extrañas operaciones; se pega ahora el debate electoral en unas circunstancias absolutamente diferentes a anteriores comicios. Veamos.

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Primero: El chavismo casi invicto, potente, poderoso y avasallador ya no es el mismo. Está en franco declive, en caída brusca. Y en ese aspecto influyen muchos elementos. El más importante es la ausencia, por razones naturales, del fallecido comandante Chávez. Incluso para muchos ya ni siquiera hay que hablar de chavismo sino de oficialismo, pues para muchos el chavismo se fue con el extinto líder el proceso. Y una cosa lleva a la otra.

Segundo: El sustituto, nombrado por el propio comandante Chávez el día en que se despidió del país para irse a Cuba, ha ejercido el poder con más desaciertos y errores que su antecesor, pero no tiene ni los recursos individuales ni la plata de quien le dejó este paquete para tratar de hacer una realidad el efecto teflón. Para Chávez, una de sus herramientas favoritas, siempre fue la evasión de la culpa y le funcionaba. A Maduro, por mucho que aplique lo mismo, no le funciona. Las culpas van directo a Miraflores o al alto gobierno. Por eso, entre otras cosas, se oye en las calles: yo siempre voté por Chávez, pero por Maduro o no voto o escojo a alguien de la oposición. Esto está demasiado feo y malo como para seguir en lo mismo. Y, claro, una cosa lleva a la otra.

Tercero: El continuismo está llegando al llegadero. Son casi 17 años y, según los dichos de los propios próceres del proceso, esto no variará ni en políticas ni en el modelo de país que si bien es cierto no está en la Constitución, está bien afincado en las ejecutorias del gobierno. Socialismo y chavismo comienza a asociarse, en las mayorías, con desabastecimiento, escasez, inflación, mala calidad de vida, ruina, cubanización en el sentido más práctico. El cuento de la guerra económica, la iguana come cables, el sabotaje de la derecha maltrecha o la conspiración del imperio son excusas que solamente los chavistas con células madres de origen soviético o cubano, creen todavía a estas alturas. Todo el mundo sabe que son excusas y que la cosa es mentira. Y una cosa, claro está, lleva a la otra.

Cuarto: La fama de mentiroso el gobierno, todo el gobierno, va más allá de las fronteras. De cada diez cosas que anuncian una, y ahí ahí, puede ser verdad. Y eso lo sufre la gente a diario. La mentira más poderosa del alto gobierno se centra en esta frase: esta noche en mí programa le informaré al país de importantes medidas. Haré grandes anuncios. Y, como suele ocurrir, una cosa lleva a la otra.

Quinto: El oficialismo, por primera vez, llega abajo en las encuestas a una medición popular. Y no son dos o tres puntos. Las encuestadoras hablan de una montaña de puntos. Entre 20% y 30% en contra.

Lo demás se sabrá el 6 de diciembre o en la madrugada, después del maratón de baranda en el CNE.

 
Elides J. Rojas L.Elides J. Rojas L.

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