CAEN LOS MUROS

Sólo el vergonzoso muro del silencio que todo el andamiaje comunicacional del estado y sus obsecuentes aliados tendieron mediante las más descaradas prácticas de censura y autocensura sobre la trágica realidad de los venezolanos pudieron mantener como en una especie de acción retardada o de cámara lenta el estrepitoso derrumbe de la maquinaria electoral chavista y con ella el control omnímodo que durante los últimos 5 años tuvieron sobre el Poder Legislativo.

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Finalmente, lo que las encuestas, mantenidas bajo las carpetas o en el cesto de la basura de televisoras, radios y algunos diarios, venían vaticinando ha sido no solamente se ha cumplido, sino en demasiados sentidos superados ampliamente por la realidad: la bancada opositora tendrá mayoría calificada de los dos tercios con una fracción de 113 diputados, algo que no logró el chavismo en el 2010 con el dólar a más de cien y el galáctico vivo.

Detrás de los jolgorios convocados bajo el ofrecimiento de entregar costosos regalos (tablet, viviendas, taxis, electrodomésticos) y la profusa repartición de pensiones y misiones y las delirantes y triunfalistas declaraciones del jefe de campaña, el presidente y el vicepresidente del partido y el tren ministerial reinaugurando lo tantas veces pintado y repintado, avanzaba subrepticiamente, se esparcía cada vez más rápida la terca voluntad de cambio de los venezolanos.

Ahora sólo quedan al oficialismo dos opciones: asumir humildemente los resultados, darle la lectura correcta y apropiada y asumir, ahora sí, el tantas veces anunciado golpe de timón, pero democrático, abierto al diálogo y a la búsqueda de las urgentes medidas económicas que la crisis nacional reclama. O declarar el “como sea” y patear el tablero de juego. Ojo, que ese, el golpe de timón, es el único que los venezolanos aceptarán por parte de este gobierno, que amanece el 7 de diciembre virtualmente guindado de la brocha, pues de la noche a la mañana le podrán convocar desde referéndums hasta una asamblea constituyente.

A los grandes medios que de manera cómplice pretendieron tender una venda sobre los ojos de los venezolanos, les toca también una honda reflexión sobre el rol que asumirán en los próximos meses, sobre todo cuando también salen contundentemente derrotados por los medios digitales y las redes sociales.

Caen las vendas, caen los muros. Venezuela amanece este lunes en el comienzo de un nuevo ciclo, un paso histórico del cual depende hoy más que nunca el futuro de más de 30 millones de ciudadanos.

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Gregorio SalazarGregorio Salazar

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