EL PESO DE LA REALIDAD

  • ¿Con ese CNE valdrá la pena votar?

Era esa la pregunta que cerraba muchos debates y abría la puerta a la estrategia de abstenerse en los comicios parlamentarios del 6D. Y aunque por razones que en numerosas ocasiones he expuesto siempre respaldé ardientemente la conveniencia de votar, no consideré absurda la duda encerrada en esa pregunta,porque no escaseaban los factores e indicios que confluían para darle pertinencia. Conjunto de argumentos que merecían ser debatidos.

Y el primero es el estado de ánimo oficial, tan dominado por la idea fija de la perpetuación;es una vocación, un objetivo a lograr “como sea”. Y que un régimen de poder fieramente concentrado en una cúpula anuncie su decisión de seguir mandando “con los militares” así pierda las elecciones, podría desmotivar al más pintado amigo de las vías electorales.

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  • ¿Y si se confirmara que esa gente no aceptaría resultados que les resulten adversos, para qué gastar tiempo y dinero en una operación que concluiría en una deprimente frustración colectiva?

Se trata, repito, de especulaciones apoyadas en razones dignas de debatirse. El problema es que se les sobreponen consideraciones mejores. En 1941, concluido el periodo constitucional del presidente López Contreras, su ministro de Guerra y Marina general Isaías Medina fue el candidato oficialista para sustituirlo en el cargo. Dado que por no haber elecciones directas y universales, la decisión correspondía al Congreso, y este órgano contaba con amplia mayoría medinista-lopecista no había opción presidencial para nadie más que Medina. Cualquier otra candidatura estaba condenada. Pero Rómulo Betancourt y su partido avanzaron la del gran novelista Rómulo Gallegos. Difícil dudar de la inteligencia política de Betancourt. ¿Por qué pues dio ese paso? Se participa en confrontaciones electorales para ganarlas o para construir un fuerte movimiento nacional o para ambas cosas. Lo cierto es que de esa “derrota” salió un poderoso partido que dominó cinco décadas de Historia y ahora lucha por su recuperación.

Pero en las parlamentarias del 6D-2015 pudo conformarse un gran movimiento que ha dado una paliza al gobierno del presidente Maduro.Si en lugar de participar, la MUD se hubiera abstenido habría incurrido en un suicidio colectivo, más rotundo y desgraciado que el de los mil héroes judíos que después de resistir en una aislada roca al súper poderoso ejército romano, prefirieron quitarse la vida antes que rendir la fortaleza de Masada.

La política es arte y ciencia, como se ha sostenido desde los primeros brillantes atisbos de Maquiavelo. No es asunto de gritos o amenazas intemperantes, no es asunto de repetir los excesos de la otra acera. Las estrategias se trazan ponderando con serenidad la totalidad de los factores. Si en lugar de diagnosticar fortalezas y debilidades del gobierno y el borbollante malestar que crepita en la piel de los venezolanos, los líderes opositores se hubieran limitado a “contar” las armas del régimen y a aflojar ante su sumatoria, no solo habrían abdicado de sus funciones y dañado profundamente a Venezuela sino que no hubiesen merecido perdón alguno. Lo que se puede “contar” son números, no aliviados de debilidades intangibles.

Lo cierto es que se obtuvo una impresionante victoria sin que se materializaran las estruendosas fuerzas sumadas en el papel. No intervinieron los “cubanos del G2”, tampoco los colectivos “armados hasta los dientes”. No se vio la potente maquinaria financiada por el Estado, ni a la mayoría de los empleados públicos votando por el PSUV bajo el apremio de perder sus cargos. De nada sirvió derramar fortunas en operaciones para trucar tarjetas.

¿Acaso ya no hay asistencia de cubanos en la cumbre del poder? ¿Acaso se disolvieron los colectivos paramilitarizados? Seguramente muchos o pocos seguirán en los lugares asignados, pero lo que tiene que valorarse es la actitud del gobierno de Cuba, tal vez obligado a la solidaridad hacia quien tanto le ha ayudado, pero ya no dispuesto a llevarla al extremo de hundirse en el pantano en que reflota penosamente la política del PSUV. Al fin y al cabo, las conversaciones cubano-estadounidenses avanzan sin pausa, conforme al programa resuelto por el PCC en su Congreso de abril de 2012 y al viraje dictado por el gobierno del presidente Obama. Cuba piensa que su futuro, su sobrevivencia, dependen más de una mejor relación con Occidente sin sacrificar su soberanía, que de ese armatoste inservible adornado con el pomposo nombre de ALBA.

En cuanto a los famosos colectivos que como fuerza paralela a la Institución Armada habrían sido organizados con presupuesto y recursos del Estado para ayudar al partido de la sedicente revolución, su inacción el 6 y el 7D refleja sin duda la creciente debilidad del gobierno, afectada por el saldo sombrío del desempeño oficial y el cansancio provocado por tantas promesas incumplidas y tantas supuestas “victorias” mal anunciadas.

Y sobre todo, la Fuerza Armada de Venezuela dio una clara demostración de apego a la Constitución y leyes. Intervino en los acontecimientos del 6 y 7D,sí, pero no para proteger intereses de altos generales acusados de corrupción, ni para servir a causas innobles, sino para ratificar que respetaría y haría respetar los resultados de la votación, como en efecto ocurrió.

Son avances significativos que con sensatez y sin estridencias debe consolidar la nueva mayoría parlamentaria. Tal como no ha dejado de proclamarse desde el primer día, es la hora del reencuentro de los venezolanos, de la unión que, dejando correctamente en pie las diferencias ideológicas o banderizas, consolide la relación democrática y permita abordar las calamidades que atormentan a nuestro abrumado país.

 

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