VENEZUELA CELEBRA EL COMIENZO DEL FIN DEL CHAVISMO

La situación es más o menos igual en todos los hogares venezolanos, dentro y fuera del país. Nadie duerme. Televisor, ordenador y móvil: encendidos. Rumores van y vienen. De pronto ya no parecen rumores. Ya son resultados. Resultados electorales. Y comienza la tensión. Y con ella, las bromas. Pero entre risas nerviosas, una pregunta ronda las mentes de todos: “¿Por qué no los dicen?”. Y comienza la duda. Y comienza el temor. Ya no es 6-D. Ya es 7-D. Pero nadie se va a dormir.

Son 17 los años de espera para escuchar lo que le costó decir a la presidente del Consejo Nacional Electoral, esta madrugada. Que ganó la oposición. Que perdió el chavismo. Y que la victoria es mucho mayor. Que el pueblo, cansado, habló. Y ganó. A pesar de tantas maniobras, ganó. Y, a partir del año que viene, la oposición será mayoría en uno de los cinco poderes del Estado. Finalmente habrá algo de equilibrio.

banderas

De pronto parece 24 o 31 de diciembre. Lanzan fuegos artificiales. Ponen música a todo volumen. Gritan de júbilo. La gente sale de sus casas. Baja de sus apartamentos. Dejan a un Maduro derrotado hablando solo en televisión. Y sacan sus banderas, cacerolas y vuvuzelas. Destapan sus mejores botellas. Pobres y ricos. Y cantan el himno nacional: “Gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó, la ley respetando la virtud y honor”. Y lloran y se abrazan. Algunos no trabajan hoy. No hay clases. La celebración puede continuar; y, de hecho, continúa.

Y suena el ‘Alma llanera’: “Yo nací en esta ribera del Arauca vibrador, soy hermano de la espuma, de las garzas, de las rosas; soy hermano de la espuma, de las garzas, de las rosas y del sol, y del sol”. Y con ella baila la esperanza. La esperanza de aquellos que se fueron a buscar un futuro mejor. La esperanza de volver al país que les vio crecer, y de ver crecer aquí a sus hijos. La esperanza de reencontrarse con los seres queridos que dejaron atrás.

Y celebran los venezolanos alrededor del mundo. Los que no pudieron venir. Porque otros llenaron aviones enteros para venir a votar. Y se fueron con sus meñiques morados. Satisfechos porque valió la pena el esfuerzo. Y celebran en España, en Estados Unidos, en Panamá, en Irlanda, en Alemania, en Inglaterra, en Canadá… Y se van trasnochados a trabajar o estudiar, con el tricolor nacional en el alma y el corazón.

Lloran de alegría todos aquellos a los que les mataron a alguien en estos 17 años. Lloran los que han sido secuestrados. Lloran los que han sido robados. Y lloran porque finalmente podrán tener justicia. Lloran de la felicidad, también, los pobres, cansados de pasar tanto trabajo y hambre. Se sienten engañados, se sienten defraudados. Porque están peor que antes. Están peor que nunca. Y entienden que no será rápido. Que mañana todo seguirá igual. Que probablemente irán al súper y no encontrarán lo que buscan. Que seguramente tendrán que hacer muchas colas más. Que el bolívar seguirá devaluándose. Pero al menos ven una luz al final del túnel. Al menos están viviendo el comienzo del fin.

Algunos no duermen. Otros, duermen sólo unas horas. Unos cuantos siguen dormidos. Pero todos están felices. Todos coinciden en que el día es más bello, en que se respira paz, libertad, alegría y tranquilidad. En que el cielo que cubre esta tierra hermosa hoy es más azul, y el sol brilla con más fuerza. Por las calles circulan unos cuantos coches. Algunos comercios están abiertos, otros siguen cerrados. Parece primero de enero. Parece que ayer se hubiera terminado un año muy malo.

Pero lo que pasó fue que empezó la Navidad. Porque todavía no se sentía la Navidad. Y mientras en las calles quitan la propaganda electoral, algunos aprovechan para adornar sus casas. Para poner el Belén y para montar el arbolito. Ahora sí es Navidad. En el transcurso del día continuarán las celebraciones. Mañana, seguramente, todo volverá a la normalidad. Pero con una gran diferencia: los venezolanos recuperaron la esperanza y las ganas de luchar por el que consideran es el mejor país del mundo. Venezuela puede comenzar a cambiar.

Tomado de www.elmundo.es

 
Andreina ItriagoAndreina Itriago

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