LOS TRES CABALLEROS

Los de Walt Disney, un loro, un gallo y un pato eran, por supuesto, más cándidos que Hugo, Lula y Néstor, protagonistas de un inédito viraje latinoamericano, que el primero, con tolerante indiferencia de los otros dos, bautizó con el nombre entre arcaico y bombástico de Socialismo del siglo XXI. Por mucho que Chávez quisiera proporcionarle al ensayo un contenido ideológico sincrético, una suerte de zambumbia multisápida en la que nadaban el marxismo-leninismo, el pensamiento bolivariano, la saga guerrera de Ezequiel Zamora y las luces de Simón Rodríguez, lo cierto es que ni Lula ni Kirchner compartieron semejantes extremos aunque se aprovecharan de la irresponsable prodigalidad del otro para retratarse con él y compartir varias de sus más desafortunadas ideas, sin arriesgar nada y ganar todo.

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El caso es que con el petro financiamiento derramado en Centro América, el Caribe y América del Sur, el chavo-madurismo tomó cuerpo y en varios países de Latinoamérica predominó un esquema estato-populista, enemigo de la “derecha” y de la economía productiva y proclive a la autocracia. De nuevo el que llevó la primacía fue el gobierno de Chávez y notablemente el de Maduro. El resultado fue el que estamos viendo: Brasil, Argentina y sobre todo Venezuela cayeron de alturas elevadas al sombrío suelo del fracaso.

Le tocó materializarlo a sus sucesores. Dilma, Cristina y especialmente Nicolás compartieron el dudoso mérito de sumergir a sus países en la crisis económica envueltos en una atmósfera tan fétida de corrupción, que no puede compararse con ninguna otra en la historia de la Región. Por esa razón han sido atenazados por los ominosos problemas que han creado. Dilma, soportando encolerizadas manifestaciones populares que exigen su enjuiciamiento. Su destino y el de su partido están en manos de los irritados brasileños, de su estrecho ex-aliado Temer (PMDB),y de su coherente adversario AecioNeves (PSDB) Lula y Dilma ya no quieren retratarse con Maduro o Diosdado. Han sido colocados al borde del precipicio y difícilmente podrán evitar el desmadre de su fuerza política.

Cristina Kirchner fue vencida por Mauricio Macri. Con la soberbia que la caracteriza, saboteó en forma infantil y ridícula al nuevo presidente, eso sí: sin moverle una ceja. Esa pauta fue inicialmente copiada y exagerada por Maduro luego de la aplastante derrota –y brillante, todo hay que decirlo- que le propinó la MUD  en las parlamentarias.

Los tres personajes son víctimas de procesos internos de índole cismática, que a duras penas tratan de contenerhasta ahora sin especial éxito.

El caso venezolano es digno de un análisis profundo. Maduro sigue en el Poder contra una vasta mayoría opositora que dispone de las 2/3 partes de la representación nacional en la AN. Engañado respecto a su poder real no pudo, no encontró suficiente respaldo para cometer fraude o para desconocer las elecciones, como sin embargo proclamó a las primeras. Aseguró que se iniciaba una guerra “no convencional” (el hombre vive soñando con fantasmales guerras, golpes, magnicidiosque no lo dejan dormir) Anunció que no aplicaría la Ley de Amnistía ni otras Leyes prometidas por la nueva mayoría parlamentaria. Para reforzar la amenaza quería nombrar 13 nuevos magistrados dispuestos a luchar cual mercenarios de los tiempos de Borgia, Sforza y Medicis contra los legisladores, y así destruir la Constitución y las instituciones democráticas. No se vislumbra que pueda honrar tales amagos y mejor para él que así sea.

La derrota lo ha hundido en la confusión. Esos desplantes truculentos lo aíslandel mundo, intensifican su impopularidad y despiertan fuertes reservas en sus propias filas. Las condenas más endemoniadas contra Maduro, Diosdado y otros de la cúpula del poder están saliendo de su propio partido, sin ahorro de vocablos escatológicos.

Pero los más extraños movimientos afectan a la institución armada. Durante mucho tiempo se daba por seguro que los altos oficiales desconocerían un resultado electoral adverso al gobierno. Con el argumento tradicional de que los militares estaban siendo comprados con insólitas prebendas o se habían entregado sin remedio al narcotráfico y al asalto a los caudales públicos, se daba por segura su intervención violenta para impedir la derrota de las candidaturas oficialistas en la confrontación del 6D.

Había razones para incubar tales aprensiones, pero más las hubo para sostener lo contrario. Independientemente de la posible compra de algunos uniformados, la mayoría de la oficialidad y los soldados, por ser integrantes de la sociedad sufren los dolores del funesto modelo. Por otra parte, los principios de obediencia y sujeción al superior se justifican cuando se trata de respaldar autoridades legítimas pero no usurpaciones o desconocimiento de la voluntad expresada en el sufragio.

La MUD no ha dejado de repetir que se opone a salidas golpistas, violentas, inconstitucionales y que el destino supremo de su actividad es la recuperación de la postrada Venezuela, la reunificación de los venezolanos por sobre diferencias político-ideológicas y la reinstitucionalización democrática.

No obstante, mientras más perceptible era su avance, más le arrojaron el cargo de prepararse a desconocer el dictamen del 6D y de organizar un golpe de Estado. Acusación temeraria que pronto se estrelló contra el más apolíneo de los argumentos, a saber:

  • Si todos los sondeos coincidían en darle un amplio favoritismo a la MUD, cuyos valores democrático estaban certificados
  • Si encima de eso en la calle las protestas populares espontáneas contra el gobierno se multiplicaban con la fecundidad vegetal de la verdolaga…
  • ¿Qué diablos iba a ganar la oposición promoviendo aventuras conspirativas contra unas elecciones que tenía ganadas y bien guardadas en el bolsillo?
 

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