EL PRÓXIMO 5 DE ENERO

El próximo 5 de enero es la fecha establecida por la Constitución para que se instale la nueva Asamblea Nacional y se inicie así el primer periodo de sesiones ordinarias del año 2016. Se trata de la primera asamblea o parlamento no dominado por el partido de gobierno desde aquel Congreso Nacional instalado el 23 de enero de 1999, donde el Movimiento V República integrante del denominado Polo Patriótico, obtuvo 12 senadores y 41 diputados, convirtiéndose así en la segunda fuerza política dentro de aquel Poder Legislativo, que en los comicios del 8 de noviembre del 2008 ganara Acción Democrática con una exigua mayoría que no le permitía, por si sola, dominar el Congreso sin los votos de Copei y de Proyecto Venezuela. Una situación, en términos generales, parecida a la de hoy en día, aunque con una oposición más fragmentada en pequeños partidos políticos, pero con una armonía entre ellos, que quizás no existía en 1998, solamente amalgamada por la necesidad y el dialogo en eso que se denomina Mesa de la Unidad Democrática.

Han transcurrido diecisiete años desde entonces y pareciera que la historia vuelve a repetirse. Cambian los actores y las circunstancias, pero la trama es la misma. Ya no está Chávez, es verdad, pero el presidente del país, ahora es Maduro, el ungido por Chávez; ya no hay Congreso bicameral, ahora se le llama Asamblea y no hay senadores, todos son diputados; hasta los partidos han cambiado de nombre, desaparecido algunos o transformado en otros.  Pero lo cierto es que hoy al igual que ayer, la oposición ganó las elecciones legislativas, el presidente del gobierno es chavista y se anuncia un choque de trenes entre ambos poderes, como también se presagiaba a comienzos del año 1999.

Puede decirse que hasta se respira una cierta tensión, similar a la que precedió la llegada del 25 de agosto del 99, cuando la Asamblea Constituyente decretó la desaparición del Congreso de la República. Como se recordará, ya mucho antes de que  la corriente del Polo Patriótico arrasara en el proceso comicial, efectuado en junio de  aquel año, para designar los representantes de la Asamblea Nacional Constituyente, el propio Chávez se había encargado de calentar el ambiente político con declaraciones frecuentes y altisonantes en contra del nuevo Congreso, del cual demandaba una “ley habilitante”, su máxima colaboración para que el proceso constituyente fluyese sin contratiempo, y ninguna traba política a sus decisiones como presidente. En relación con esto último, fue precisamente el rechazo de la Comisión de Defensa de la Cámara del Senado, al ascenso  de 34 oficiales, agregados por el propio Chávez a una lista de más de doscientas promociones, que incumplían con los requisitos de la ley, específicamente con el tiempo máximo exigido para poder ser promovido y con las condiciones requeridas para optar al grado inmediato superior, la gota que derramó el vaso de la paciencia de Chávez, quien amenazó al Congreso con su disolución por la Asamblea Constituyente que sería elegida por el pueblo el 25 de julio próximo; lo cual efectivamente ocurrió.

Un  hecho este último absurdo por ilegal,  amén de ilegítimo, que acabó con el otrora Congreso Nacional meses antes de que la nueva Constitución fuese promulgada y un nuevo Poder Legislativo fuese conformado. Pero la mentira convertida en verdad, por muchos que hoy se esconden, de que aquella Asamblea Constituyente era “originaria”, sirvió para defenestrar a unos senadores y diputados, electos por el pueblo, incluso con más votos que los que habían obtenido sus verdugos, es decir, los constituyentes, pues no se debe olvidar que en las elecciones parlamentarias de noviembre de 1998 votaron más de seis millones de personas, mientras que en las elecciones del 25 de julio de 1999, donde se eligieron a los miembros de la Constituyente, sufragaron un poco menos de cinco millones de ciudadanos. Algo que no tiene justificación posible.

Claro que aunque en el escenario de hoy en día, no hay una Constituyente en ciernes, que amenace con disolver a la nueva Asamblea Nacional, el miedo persiste y  está aún latente, en la memoria colectiva, pues ya el oficialismo ha dado señales de querer hacer lo mismo, desde el momento que anuncio la instalación un “parlamento comunal”, la impugnación de la elección de varios diputados de la oposición y la defensa con el pueblo en la calle, si la nueva Asamblea Nacional  legislaba en contra de los logros de la revolución.

Un temor frente al cual algunos líderes de la oposición han reclamado la protección ese día 5 de enero, de los diputados, por parte de la Guardia Nacional, avisado como ya  ha sido que los “círculos bolivarianos” y algunos otros colectivos, podrían salir a la calle en dicha fecha, como lamentablemente ocurrió de manera similar el 25 de agosto de 1999. Aquel día, cuando los congresistas opositores al régimen, después de un receso, quisieron volver a entrar al edificio sede del Congreso, fueron repelidos por simpatizantes del chavismo, resultando varios de ellos heridos en el momento en que  intentaban saltar la reja que rodea al edificio. Ocurría además, al mismo tiempo, la ocupación por la mayoría oficialista constituyente de las instalaciones del Palacio Federal Legislativo, la suspensión de la sesiones del Congreso y la reducción del Parlamento a una simple Comisión Delegada conformada por 23 congresistas que podían legislar, pero siempre sujetando sus decisiones al veto de la Asamblea Nacional Constituyente  en las materias importantes

Demás está decir, que la opinión pública de entonces, interpretó las protestas de los parlamentarios opositores que calificaron el incidente de “golpe de estado”, como vanos intentos de la desprestigiada clase política tradicional de detener los cambios.

Esperemos que en esta ocasión impere la cordura por parte del gobierno y que la nueva Asamblea Nacional se instale sin contratiempos y vituperios, algo de lo que no existen garantías. Pero de lo que si podemos estar seguros, es de que la opinión pública ha cambiado.

 
José Luis Méndez la FuenteJosé Luis Méndez la Fuente

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