EL CHOQUE

El Gobierno está atrapado en el tráfico. Los vehículos del Ejecutivo y el Poder Judicial están en una esquina de una intersección en dirección opuesta a los vehículos del Legislativo. Todos los carros están ahora frente a frente y todos los conductores están listos para acelerar. ¿Es eso lo que podemos esperar en 2016? Nadie se mueve. Todos están atorados en el mismo sitio.

El Legislativo está enfrascado en peleas sobre política o sobre retratos. Aunque goza de una amplia mayoría, el presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, dice que la crisis “no es superable con este Gobierno”. Ramos quiere deshacerse del Ejecutivo; esa es la única solución que ve. Pero no tiene una estrategia efectiva para lograrlo. Tras apenas dos semanas en el cargo, cree que la tarea no puede hacerse.

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Ramos parece ser tan populista como Maduro. Pero al igual que Maduro, Ramos no tiene nada que regalar: ni comida ni dólares ni medicinas ni lógica. Mientras se pelean por tres legisladores, los 109 restantes no están haciendo mucho para resolver los problemas de la gente. La verdad es que no importa de quién sea el retrato colgado en la pared. El proyecto de ley de amnistía no irá a ninguna parte a menos que haya acuerdos serios y aceptables para ambas partes. Entregarles títulos de propiedad a los beneficiarios de viviendas públicas es una medida populista sin un objetivo sostenible desde el punto de vista económico o de la política de vivienda.

Parece que ni el Ejecutivo ni el Legislativo quieren gobernar mientras el Poder Judicial obedezca a uno de ellos y no al otro, incluso antes de escuchar el planteamiento.

¿Alguien está satisfecho con el Ejecutivo, el Legislativo y el Poder Judicial por ayudar a resolver los problemas de la gente? ¿Han resurgido los ni-ni en las últimas dos semanas? ¿Los votantes ni-ni están en contra del mayor grupo político de la nación? ¿No ha cambiado nada desde 2002 o 2004? ¿La polarización es fatal para Venezuela como nación?

Esta es la situación. El tsunami de un terremoto ha generado una ola de 50 metros hacia las costas venezolanas. Los bañistas, independientemente de si tienen trajes de baño azules o rojos, se ahogarán juntos. No obstante, están discutiendo por asuntos insignificantes y no están viendo hacia el mar. Un niño de cinco años se los advierte: “¡Papi, mira la ola!” Pero al niño lo regañan: “Deja el fastidio, estamos hablando de asuntos importantes. Anda a jugar en el agua”.

 

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