VENEZUELA ANTE EL MUNDO

Lo primero que se debe recalcar, es el nivel del apoyo internacional que se le ha prodigado a Venezuela en este último trance electoral que se ha saldado por una tajante victoria de la oposición. Jefes de Estado en función y ex presidentes, conminaron por escrito a Maduro exigiéndole el respeto de la constitución porque sintieron que la tibieza diplomática ya no tenía cabida. La posición firme del Secretario general de la OEA fue un gesto de trascendencia mayor. Demostró el fin de la patente de corso de la que había gozado hasta ahora el régimen de Caracas.

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Observar las reacciones de la prensa internacional tras conocerse el resultado de las elecciones legislativas en Venezuela, me hace reflexionar sobre el contraste entre el caudal de simpatías que despertaba el chavismo cuando estaba en su apogeo, y los comentarios de hoy celebrando el triunfo de la oposición.

Es cierto que con el chavismo Venezuela entró en la era de la visibilidad mediática. Venezuela era un país inexistente en los medios internacionales. Quienes hemos observado desde la distancia el contexto político del país desde el surgimiento del fenómeno del chavismo, hemos visto cómo un país hasta entonces desconocido, se convertía en noticia cotidiana. Desde entonces, la imagen de Venezuela se convirtió en objeto de los medios y a veces, conoció momentos mediáticos de impacto.

Con el advenimiento de Chávez, una lluvia de dólares se desparramó por Europa y Estados Unidos. Asociaciones de solidaridad, de órganos voceros del alter mundialismo, de grupos de investigación, se dieron a la tarea de difundir el pensamiento del presidente Chávez, como años atrás lo hicieron  con Mao. Surgió una categoría inexistente en los medios académicos: “especialistas” de Venezuela que fueron copando los espacios académicos y mediáticos. Mientras que a la corriente opositora, que apareció desde el principio de la era chavista,  le era negada todo posibilidad de expresarse. El monopolio de los medios en relación a Venezuela fue exclusividad de los voceros de Le Monde Diplomatique y de sus diversas ramificaciones. No había programa de radio o TV en los que estos no opinaran sobre el “proceso” venezolano. Recuerdo las dificultades de lograr una que otra entrevista cuando miembros de la oposición se desplazaban por Europa.

Fue el cierre de RCTV el primer indicio que resquebrajó la imagen del “buen salvaje” democrático que ganaba elección tras elección, encargado de la misión de impartir la justicia social. Ese gesto hizo asomar el signo de la vocación totalitaria del régimen. Marcel Granier (RCTV) y el ex embajador, Milos Alcalay, emprendieron la tarea de dar a conocer en Europa el reverso de la medalla – la de la imagen idealizada de Hugo Chávez forjada por Le Monde Diplomatique. Gracias a esa labor incansable y en solitario, se fueron abriendo tímidamente algunos espacios. Diego Arria y su inmensa experiencia diplomática, fue creando una matriz de opinión en las instituciones internacionales. Mientras tanto, en Venezuela cundía la represión política, los asesinatos, la violación de la libertad de prensa.

Las imágenes de la golpiza a María Corina Machado en plena Asamblea Legislativa, mientras sonreía el presidente de dicha asamblea, Diosdado Cabello, mirando el espectáculo ordenado por él, fue el otro golpe que alarmó y conmovió a la opinión internacional. La gira  que emprendió luego María Corina Machado por varios países latinoamericanos y  EE.UU. tomando la palabra en las más altas instituciones de esos Estados, fue el momento en que comenzó a tomar y a vertebrarse el inicio de una solidaridad internacional e institucional hacia Venezuela. Ya se había expresado la acción temprana y decidida de Mario Vargas Llosa. La de Felipe González. La de los expresidentes latinoamericanos pertenecientes a distintas ideologías políticas.

En esta última fase, cuando ya se percibe una coherencia en la acción internacional, fue determinante la labor incansable, decidida y admirable de Lilian Tintori y de Mitzy de Ledezma quienes demostraron pasión y poder de convicción, lograron aglutinar una amplia solidaridad institucional y que ésta se manifestara en hechos concretos.

Se percibe desde nuestro punto de observación, el apoyo decisivo de España y de su gobierno. El amplio espacio que le ha acordado a las elecciones legislativas la prensa y la TV españolas es poco común tratándose de un hecho tan local como lo es una elección de ese tipo.

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En momentos en que en el mundo entero la democracia está en crisis; es un hecho, que cada día se escucha más un discurso similar como el que estaba en boga en Venezuela a finales de los años 1990 contra las elites y contra los partidos políticos. Discurso que trajo la tormenta de Hugo Chávez y es precisamente desde Venezuela que llegan signos de que la democracia puede volver a su cauce. Parecería que el descalabro de la socialdemocracia comenzó de manera precoz en Venezuela, y hoy cuando ese mismo fenómeno surge en muchos países europeos, pareciera que Venezuela comienza a reponerse y a volver a la senda democrática.  Esperemos sea también precoz en ese sentido.

El camino no será fácil. Seguramente que los consejeros cubanos le dijeron a Maduro, y así lo declaró al igual que Diosdado Cabello, de que se trataba sólo de la pérdida de una batalla, que había “convertir el revés en victoria”, –  divisa que siempre ha inspirado a Fidel Castro.

Vendrán momentos difíciles, imprevisibles para los que deben estarse preparados. El grupo de secuaces que maneja el gobierno han demostrado ampliamente que no creen en la democracia. Nunca jugarán limpio. El motivo que los anima, como al resto de los gobiernos que se rigen por el castrismo, no es una ideología como la que existió bajo el comunismo o el nazismo, sino un deseo de desarreglo de la democracia, escudándose detrás de una fachada democrática, con el objeto de implantar el poder vitalicio de los allegados y de la familia. A lo sumo, se trata de un artefacto con tintes de comunismo y de fascismo.

Es un poder que se sustenta en técnicas de instrumentalización, entre ellas, la crisis permanente, de allí la necesidad del surgimiento de una verdadera elite, una verdadera elite no significa llevar una marca de reloj, de automóvil, o de cartera, sino personas capaces de proyección, de tener una visión de país, abandonando la arrogancia tan en boga en este momento, y los intereses personales.

La responsabilidad política no se reduce sólo a la gestión de los asuntos corrientes y a darle solución a los problemas cotidianos. Es cierto que con el estómago vacío no hay otros anhelos que los inmediatos. Pero está claro de que existe en Venezuela una esperanza que va más allá de la simple condescendencia.

 
Elizabeth BurgosElizabeth Burgos

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