LA REVOLUCIÓN (ECONÓMICA) NO QUIERE SER TRANSMITIDA

El nuevo Vicepresidente de la República, Aristóbulo Isturiz, ‎decidió usar un argumento casi doméstico para explicar la ausencia en el Parlamento de los ministros y otros voceros del Área Económica que fueron citados a comparecer en la Asamblea Nacional: “Ellos saben que hay materias que no pueden ser dilucidadas públicamente”.

ministros

La razón que argumentaron los voceros llamados a comparecer ante los diputados, a propósito de una emergencia económica declarada desde Miraflores, fue que ellos podrían comparecer… pero no delante de los medios de comunicación.

Es decir: ‎ la tarde del 21 de enero de 2016 la revolución económica no quiso ser transmitida.‎

‎Es curioso. Más que curioso, paradójico. Y lo es porque se trata del mismo sistema político que decidió transmitir en vivo y directo sus consejos de ministros. Se trata de un hemiciclo que hace apenas unos días dejó de ser presidido por el moderador de un programa de televisión que emite, cada vez que puede, conversaciones grabadas con inocultable inconstitucionalidad. Se trata del mismo gobierno que, cuando tuvo todas las curules legislativas a su cargo, le montó un canal de televisión a la Asamblea para que el Pueblo viera cómo es que se gobierna.

Se trata de quienes, en ritmo de verdadero reality-show, decidieron gobernar a través de maratónicos de televisión, con decretos emitidos en vivo y directo, duelos, intimidades, miserias propias y ajenas, regaños a ministros y hasta la épica gastrointestinal de un presidente en ejercicio.

Puesto así, eso de que “Ellos saben que hay materias que no pueden ser dilucidadas públicamente” es un argumento válido en el imaginario de una reprimenda familiar, pero no cuando se trata de exigirles a los responsables del tesoro nacional que rindan cuentas.

Sin embargo, justo cuando tienen la oportunidad de explicarle a la Nación qué ha pasado con las reservas, cómo es que no se han tomado acciones legales contra quienes desbancaron de la Nación a través de CADIVI (cuando deben tener fotocopias de sus cédulas en carpetas marrones) ‎ o por qué PDVSA no ha cumplido las metas del Plan Siembra  Petrolera, los responsables no se presentan a respondernos aquella mítica pregunta cuartorrepublicana: ¿Dónde están los reales?

Cuando Miraflores pretende que el Poder Legislativo lo acompañe en el costo político de decretar un estado de excepción económica, lo menos que podría hacer el Ejecutivo Nacional es admitir que los responsables del asunto económico respondan las preguntas necesarias para explicar cómo es que llegamos a ser esta rareza financiera: un Estado ‎petrolero que durante años recibió más de cien dólares por cada barril pero hoy exhibe inflación de tres dígitos, una escasez en aumento y un déficit fiscal vergonzante que ha sido financiado con la máquina de imprimir billetes.

Pero el equipo financiero del gobierno de Nicolás Maduro decide perder el juego por forfait…

Dentro del discurso que el oficialismo insiste en llamar “guerra económica”, ¿cómo se debe apuntar esa ausencia de ayer? ¿Cómo interpreta el lenguaje bélico que quienes deberían responsabilizarse por las decisiones que se han tomado no se hayan presentado en el frente a defenderlas con cifras y argumentos? ¿Es una baja lamentable o una retirada deshonrosa?

¿Por qué la revolución ya no quiere ser transmitida?

 
Willy McKeyWilly McKey

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