LA SEQUÍA Y LA CRISIS

Si algo retrata contundentemente la desidia e incapacidad de este Gobierno -también cuestionado por su falta de probidad- es la indolencia mostrada ante los efectos previsibles del fenómeno climático denominado “El Niño”. Sus consecuencias se sabían. Fueron advertidas por expertos locales y desde distintos centros meteorológicos del mundo. Después de dos años con lluvias escasas y de racionamiento en el suministro de agua -severo en algunas regiones del país- entramos a un tercer período consecutivo sin precipitaciones y con anuncios de intensificar la dosificación del vital líquido.

Falta-de-agua

La misma actitud displicente e irresponsable ha mantenido el Gobierno ante otras calamidades como el desabastecimiento general, la inflación, la inseguridad, el azote de los llamados “colectivos”, la debacle de Pdvsa, el caos carcelario, el cierre de empresas y, por consiguiente, la pérdida de empleos, el aumento de la pobreza y la desnutrición, los reclamos de pago de proveedores internacionales, la escasez de divisas, el deterioro de la educación y la salud pública y privada, el destrozo de las carreteras, el fracaso de las empresas socialistas y las confiscadas y expropiadas, la improductividad del sector agrícola, las denuncias de narcotráfico y, debido a la falta de lluvias, el colapso del sector eléctrico lo que impondrá, inevitablemente, mayor racionamiento de luz en las próximas semanas y meses.

Con la dejadez que actuó ante todo este cúmulo de calamidades, producto del modelo de capitalismo de Estado que el Eterno le compró en La Habana al tirano fosilizado, y de una gestión arbitraria, excluyente, ineficiente y dispendiosa, está procediendo ante la actual emergencia económica y social agravada por la paralización de las empresas de Guayana y la estrepitosa caída del precio del petróleo. Hoy Pdvsa produce a pérdida pues el barril de crudo ronda los 20 dólares (precio estimado de producción).

Con la misma negligencia “mira desde la barrera” los estragos que está causando el virus del Zika. No hay en marcha campaña alguna de alerta (tampoco reactivos ni medicamentos para tratarla) sobre las consecuencias (especialmente en embarazadas) de esta epidemia. Tampoco actúa contra la inseguridad. La exhibición (de armamento, municiones e impunidad) de los reos de la cárcel San Antonio de Margarita resultó bochornosa. Indignante para el país. Un horror para el mundo. Una burla a los custodios del recinto y un reto al Gobierno.

Pero en medio de todas estas calamidades (inducidas por el modelo) y de lo que afecta el inmovilismo del Gobierno (con las consecuencias que pueda tener), todavía asombran y enardecen más las excusas y recomendaciones “socialistas” de algunos funcionarios: sembrar caraotas en botellas, dejar de consumir medicamentos que no se necesitan y cepillarse los dientes solo una vez al día (¿en la mañana, al mediodía o en la noche, ministra?). Si estas “sugerencias” producen estupor, mayor sarcasmo resulta afirmar que al país ingresan más alimentos de los que se consumen y proponer en la Celac “un plan táctico anticrisis económico para la región”. ¡Dios nos ampare!

 

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