LA CULTURA DEL “MIENTRAS TANTO”

No basta con decretar las cosas, hay que hacerlas y hacerlas bien, o mejor dicho muy bien

Juan Liscano, además de un gran poeta era también un gran conversador. Fue mi amigo, a pesar de las decenas de años que me llevaba. En una oportunidad, refiriéndose a las características tan particulares de los venezolanos, me comentó: “Venezuela nunca ha avanzado lo que le corresponde por el asunto del mientras tanto”. Al ver mi cara de interrogación, se explayó sobre el tema. Y fue una de las más enriquecedoras y aleccionadores conversaciones que sostuve con él.

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Juan Liscano

-Mira, mija -me dijo- desde los tiempos de la conquista se ha instaurado entre nosotros la manía del mientras tanto como regla de vida, a tal punto que ya forma parte de nuestra idiosincracia. Los conquistadores armaban un ranchito y al terminarlo decían: acá construiremos una monumental catedral. El ranchito o la capillita se quedaba así por los siglos de los siglos puesto que la iglesia nunca se llegaba a construir. Frente a la necesidad de un puente sobre un río, se armaba un parapeto provisional mientras tanto, pues el gran puente se construiría después; si el puente se dañaba o se caía pues se hacía otro provisional mientras tanto. Lo he visto hasta en algunas universidades, en cuyos terrenos se levantan unos galpones, mientras tanto, para algún día construir una Universidad con todas las de la ley, y ahí se quedan los galpones frente a un letrero que generalmente reza: “Aquí se construirá… ” un proyecto que jamás llega a concretarse. Muchas instituciones, sean planteles, oficinas, ministerios, clínicas se instalan en una casa, las tabican y las llenan de cables y pasadizos laberínticos, mientras tanto, por un tiempo, hasta que salga de la copa de un mago la sede definitiva con las comodidades para cada caso.

Para que permanezcan

Tiempo después paseándome por el zócalo de la ciudad de México escuché a un guía contar a los turistas, frente a una puerta rodeada por un abigarrado marco de piedra, que el escultor de aquel marco monumental había tardado años cincelando mazorcas, flores, ágaves y pájaros. El guía señaló que aquellos artesanos indígenas no trabajaban para solucionar una inmediatez, ni para el hoy o el mañana -quiso decir quizá “para el mientras tanto”- pues ese marco estaría allí para la posteridad. En las culturas donde las acciones se proyectan hacia el futuro encontramos las evidencias de labores pensadas y realizadas para que permanezcan. Allí volví, como en estos días aciagos, a recordar la conversación con Liscano, porque nuestro mientras tanto carece de sentido de compromiso y trascendencia, convirtiéndose en una de las principales razones que socava los cimientos de la sociedad.

Valla

Y es que la conducta del mientras tanto no solamente se afianzó entre nosotros en el ámbito de las construcciones, sino que se arraigó en las iniciativas cotidianas, profesionales y… políticas. Más allá de la crisis generalizada que nos envuelve y ahoga, esa costumbre de salir del paso, de poner paños calientes, de no resolver de una vez las cosas, de correr la arruga, de esperar que alguien lo haga, de opinar pero no accionar, de preocuparse pero no ocuparse es lo que mantiene al país en un atolladero paralizante, peligroso, mortal. Quedarse en la retórica de las causas y del diagnóstico es también un mientras tanto. Las promesas incumplidas son también un mientras tanto. La ausencia de propuestas reales, concretas y factibles son también un mientras tanto. El peloteo de las responsabilidades es también un mientras tanto.

Dimensiones desconocidas

Adicionalmente y como una derivación de la toxicidad del mientras tanto, la motivación al logro, la aspiración a la excelencia y la disposición al trabajo en equipo se han convertido en dimensiones desconocidas. Y es que no basta con decretar las cosas, hay que hacerlas y hacerlas bien, o mejor dicho muy bien, aplicar los mayores esfuerzos, poner a toda máquina las capacidades y habilidades y, sobretodo mantener con vida la actitud de sumar, conciliar y construir.

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Se trata asimismo de repensar la educación formal e informal para revertir las distorsiones que nos han colocado en modo de sobrevivencia retrocediendo siglos civilizatorios. Comencemos por sincerar las situaciones y no esconderlas como polvo debajo de las alfombras. Venezuela reclama con urgencia proponer y aplicar soluciones a problemas tan esenciales como la escasez de comida, medicinas, agua y luz. La calle, los hogares, las instituciones piden a gritos el saneamiento del tejido social, carcomido por la violencia, la inseguridad y la ausencia de valores. Basta de ranchitos que prometen grandes catedrales. Ya basta de postergar las acciones correctivas.

Nuestros dirigentes tienen el compromiso de romper con esta nefasta cultura del mientras tanto. Y nosotros también, cada quien en su ámbito. Deben unirse las voluntades políticas con las voluntades ciudadanas. Se trata de construir y reconstruir -entre todos- vida, futuro y país.

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