HERIDAS QUE NO SANAN

trump-papaEsta semana The Atlantic publicó un larguísimo reportaje titulado “Como Estados Unidos se viene recomponiendo”.

Quien lo escribe no es cualquier periodista. James Fallows, graduado de Oxford y Harvard, ha recibido reconocimientos nacionales, tanto por sus libros como por sus reportajes.

Luego de un largo periplo en China, dedicó tres años a recorrer EEUU. Quería precisar sí tal como lo vienen denunciado varios candidatos presidenciales (Trump, Cruz, Sanders) y algunas prominentes figuras del foro norteamericano, EEUU realmente ha entrado en una etapa de declive y decadencia.

Viajando con su esposa, piloteando un avión mono motor, Fallows recorrió medio centenar de poblaciones escogidas de entre aquellas que habían atravesado situaciones muy difíciles en los últimos años. En no menos de la mitad,la pareja permaneció más de dos semanas, entrevistando personas de ambos sexos, de todas las razas y de diferentes edades.

Su conclusión sorprende. En todas las ciudades visitadas, se percibe que el país anda mal, pero también– y he aquí lo interesante- coexiste una percepción unánime de que sus propias comunidades han superado lo peor y están saliendo adelante.

El hallazgo me recordó a la Venezuela de 1991. Entonces, las encuestas revelaban algo que yo jamás había visto. Un elevado porcentaje señalaba que el país andaba mal pero, a contrapelo,indicaban que a ellos, en lo personal, les estaba yendo bien. ¿Cómo deslindar la realidad objetiva nacional de la situación personal?

Vamos a los hechos. Venezuela venía recuperándose a paso acelerado luego del ajuste que se produjo al aplicar las medidas impuestas por el Fondo Monetario Internacional en 1989. En 1990, su economía había crecido más del 10%, pero los temores suscitados dos años antes por el Caracazo, parecían no haber cicatrizado.

Nueve años después de aquella dramática revuelta civil, en los comicios presidenciales de 1998, cuando tras la elección popular de los primeros gobernadores y alcaldes, la mayoría de los estados y municipios palpaban promisores horizontes,Venezuela elegiría a Hugo Chávez,dando inicio a la etapa más oscura de su historia.

EEUU vivió su propio Caracazo. Llamémoslo un “saqueo”. Entre 2007 y 2008, más de un millón de familias perdieron sus viviendas a consecuencia de una crisis originada por la irresponsabilidad financiera de factores relevantes de Wall Street, encubierta por la permisividad del Establishment político. A ocho años de distancia, ¿estará aún vivo el temor de un nuevo “meltdown”?

En la Venezuela de 1998, los “villanos” fueron los partidos históricos, contra los que nueve años antes, el pueblo de Caracas se habría rebelado. En EE.UU. los villanos, en esta campaña presidencial, son Washington y Wall Street, culpables de la hecatombe financiera de 2008.

La economía norteamericana avanza hoy sólidamente y el desempleo está en sus niveles más bajos,pero las heridas del pasado, con sus temores y aprehensiones, parecen pervivir. Solo cabe esta explicación, al ver las multitudes arremolinarse en torno al mensaje populista de Donald Trump, una figura,al que igual que Hugo Chávez, autoritaria, narcisista y temperamental. Cuidado.

No deja de ser riesgoso para la humanidad, entregar la autoridad para ordenar un ataque nuclear a un hombre tan errático como Donald Trump, capaz en un momento de ira de atacar sin pensarlo y con igual virulencia y desenfado, a la mujer, a la prensa y al propio Papa Francisco.

 

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