Sobre si el cambio será democrático…

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YA NADIE ESPERA

Pareciera que el chavismo ha quedado atrapado en un mundo ficticio de glorias imaginarias, de paraísos de esplendor que solo germinaron en la propaganda y en la palabra fabricada. En eso Hugo Chávez fue un experto y para ello despilfarró miles de millones de dólares.

El pasado 4 de febrero salió nuevamente la cúpula gobernante a conmemorar el golpe de Estado convertido en fecha patria y en gesta heroica. Uniformados con vestimenta militar se destacaba la “máxima felicidad” de dos o tres rostros de quienes encabezaban la modesta marcha. El resto caminaba cumpliendo la orden del “jefe de división” de algún organismo público quien “lista en mano” dispuso del tiempo de quien debe resguardar su puesto de trabajo.

Allí no estaba el pueblo, pues éste ha estado ocupado buscando medicinas y alimentos, enterrando a un fallecido caído por el hampa o rebuscándose algún dinero para poder pagar los 600 bolívares que cuesta una cebolla.

El mundo imaginario del chavismo no asimila que su tiempo se ha vencido. Veinticuatro años después de aquel intento de golpe que consecuencialmente los llevó al gobierno los ha convertido en la cúpula de poder que antes cuestionaron. De allí la risa que exhiben frente a un país desbastado por su incompetencia, corrupción e ideología

Mientras marchaban para escuchar el desgastado mensaje del líder designado, los “pranes” armados tomaban una buena parte de la ciudad de Maracay declarando una suerte de “estado de sitio” mientras daban sepultura a uno de sus líderes. Algo semejante ocurrió hace unos días en Margarita.

Del presidente Maduro, analistas y ciudadanos intentan descifrar por qué tiene tres años con el país paralizado. Algunos sostienen que es incompetente; otros aseguran que está atrapado en la ideología del legado chavista y los más benévolos dan por cierto que sus “asesores” le informan mal para que termine de hundirse y salir de él.

Lo cierto es que cada vez que le habla al país se disparan los precios, el dólar paralelo sube sin control y la incertidumbre ciudadana promueve la idea de que lo único que queda es irse del país.

Como si fuera un líder que arrastra tras de sí una gran masa de seguidores, Maduro exclama con vehemencia que se declara en rebelión contra la ley que le otorga títulos de propiedad a quienes habitan en los inmuebles de la Gran Misión Vivienda Venezuela. No hay manera de imaginar la confusión de quienes allí habitan. Y más adelante arremete contra Lorenzo Mendoza, uno de los pocos empresarios que tiene sus fábricas produciendo al 100% y cuyos productos son los más apreciados por los venezolanos.

Ante ese tipo de reacción surge la cuarta tesis según la cual el propósito del Gobierno es terminar de acabar con lo que queda del aparato productivo del país. “Entrégales tus empresas al pueblo”. Le dice Maduro a Mendoza, pero ya todos saben que para el chavismo el pueblo solo son ellos y también sabe que en sus manos quebraron 1.200 empresas.

Relegado el chavismo a una minoría que se estima por debajo de 20% casi todos los sectores económicos y especialistas en las distintas materias, grupos sociales y organizaciones no gubernamentales, no observan ninguna posibilidad de que el Gobierno rectifique.

La idea del cambio toma fuerza en toda la dirigencia no oficialista y ya comienzan a debatirse los caminos constitucionales para generar un cambio. Es muy factible que hasta desde el mismo chavismo se agreguen corrientes que comprenden que el cambio es inevitable antes de que se genere una implosión social.

Mientras la cúpula vive en su burbuja imaginaria, el país está aceptando que este modelo ha conducido al país a una crisis de carácter humanitario y que cambiarlo es la única opción.

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…o si se hará democrático

 

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