LA GENERACIÓN PRAN

Ahora el problema no es policial ni de seguridad, es sociológico

Hace menos de una década nuestras referencias internacionales, los países con quienes nos comparábamos, eran Colombia y México, y no salíamos mal en el careo. Con el tiempo fuimos abiertamente superados, el baremo fue pasando hacia Ecuador y Bolivia, quienes también nos dejaron atrás. Ahora somos como Honduras y El Salvador. No tanto en lo económico, sino en la estructura social.

En Venezuela, por primera vez en un siglo, el Estado está en retirada. Paradójicamente, el socialismo del siglo XXI ha decidido intervenir hasta el detalle de la venta de papel tualé y al mismo tiempo privatizar el orden público, entregándolo a bandas de malsines, ahora llamados pranes. Obviamente, ni hay papel tualé ni orden, sino carestía y muerte. Ahora el problema no es policial ni de seguridad, es sociológico.

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Hemos contemplado perplejos el toque de queda privado mezclado con celebración que produjeron las muertes de malhechores en Margarita y Maracay. Tanto la parálisis de la vida civilizada como las a todas luces verdaderas muestras de cariño popular son terroríficas, quizás más las segundas. En Margarita y Maracay la población está bajo el poder de estas organizaciones paraestatales, que deciden suspender toda actividad pública ante el pánico de las autoridades. La policía y el ejército son cómplices de estas bandas de buen grado, pero también porque ya no tienen más remedio.

Más grave es el respaldo popular que arrastran estos facinerosos. No tapemos el sol con un dedo: si Venezuela es el país del mundo con más homicidios, también es el país del mundo con más asesinos. Hay familias completas en la cárcel por quitar la vida de otros, y toda una subcultura del malandro, que los rodea de fama y poder. Una economía paralela que vive de los proventos del crimen y que cubre más gente, inclusive aquéllos más pacíficos y honestos. Y una generación completa, sobre todo entre los más vulnerables, que ve en éste el mejor y único modo de vida.

En paralelo, en estos años se ha crecido exponencialmente otra generación que ha escogido la educación y el trabajo y ha resistido la cultura de la dádiva. El abismo de formación y destrezas entre una y otra es tan espectacular que, acabada la época de bonanza, se va a producir una desigualdad espeluznante que será el problema de las próximas décadas. Hay que evitar que se pierda parte de una generación.

 

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